BAQUIA

Con el rabo entre las piernas

La semana pasada comentábamos las dificultades legales que empieza a encontrar Apple en diferentes países europeos por su sistema de protección FairPlay, que impide reproducir archivos digitales adquiridos en la tienda iTunes en un reproductor que no sea de la gama iPod. En Noruega se ha declarado ilegal este sistema, y lo mismo podría ocurrir en Holanda. Parece que los tribunales europeos no van a consentir que el DRM pase por encima de la libertad del consumidor para elegir dónde, cómo y cuándo quiere disfrutar de las canciones o películas que ha comprado. A los jueces europeos, como bien puede dar fe Microsoft, no les gustan los monopolios tecnológicos.

Es difícil creer que se trate de una coincidencia: esta semana Steve Jobs anuncia que lo mejor para la industria musical sería la desaparición del DRM. Curioso cambio de actitud, coincidente con una oleada de reacciones contra el DRM. En una carta que firma personalmente el dueño de Apple, poco menos que exculpa a su compañía de instalar el DRM en sus productos, y lo justifica por tratarse de una imposición de las cuatro grandes discográficas (Universal, Sony BMG, Warner y EMI) para vender su música en Internet. Vale la pena leer detenidamente el documento completo para darse cuenta de la hipocresía de Jobs, que incluso se permite aconsejar a aquellos europeos insatisfechos con el DRM que dirijan sus esfuerzos a convencer a las discográficas (dos de las cuatro son europeas, y otra al 50%) a vender su música sin protección alguna, igual que hacen con los CDs: “Apple lo acogería de todo corazón”, concluye. Qué reconfortante.


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