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¿Correo electrónico? ¿Qué es eso?

Los sistemas de comunicación van cambiando con los tiempos. No es ningún secreto, y los proveedores de servicios comunicativos intentan adelantarse a las intenciones de los usuarios y adaptarse a sus nuevos gustos. Generalmente, cada sistema comunicativo ha tenido un uso y un perfil de usuario muy concreto, dependiendo también de la edad.

Son curiosos los ejemplos de los chats y el Messenger. En el caso de los chats, el IRC hispano marcó una época difícil de olvidar. El perfil del chateador solía ser bastante concreto y solía presentarnos a una persona medianamente joven (no más allá de los 35 años) con unas intenciones comunicativas que pasaban por conocer gente nueva. Tampoco podemos negar que estos sistemas cargaban tras de sí con la losa y el tópico del ligue por internet. Algo muy similar pasó en su momento con el Messenger, que nos ha servido a todos para comunicarnos de forma gratuita con nuestros amigos, pero que en ocasiones también fue visto como un método adolescente para hablar con esa persona con la que no se hablaba cara a cara.

Sin embargo, las comunicaciones van cambiando y ya casi nadie les tiene miedo. Así, si antes el Messenger parecía exclusivo de los adolescentes, ahora son mayoría las empresas que dotan a sus empleados de una cuenta para la comunicación interna dentro de la oficina. Algo parecido pasa con los chats, ya que muchas empresas han creado redes sociales internas y privadas para que los empleados se comuniquen entre ellos. Lo mismo pasa con la comunicación externa: hace unos años habría sido un suicidio presentar un CV con nuestra dirección de Hotmail; ahora, gran parte de las empresas valoran que sus candidatos estén insertos dentro de las redes sociales comunicativas y les den un uso tanto personal como profesional.

Sin embargo, en este juego de caminos hay alguien que podría quedarse fuera o, cuanto menos, perder muchos puestos: el correo electrónico. El correo electrónico siempre ha sido una herramienta usada por jóvenes y adultos de una forma minoritariamente personal y mayoritariamente laboral. Antes era difícil encontrar a un adolescente que usase el correo electrónico con regularidad, ya que solía bastarse con servicios de mensajería instantánea. El correo electrónico, por tanto, parecía reservado a usos profesionales; el uso personal se reducía a mandar vídeos a unos amigos, una presentación en Power Point, unas fotos…

Sin embargo, todo ha cambiado. Ahora los vídeos los vemos en streaming, las fotos las colgamos en nuestra propia red y hay herramientas online mucho más eficaces que el envío de presentaciones en Power Point. Por tanto, se está evidenciando un claro descenso en el uso que los adolescentes hacen del correo electrónico, ya que los beneficios que antes les daba ahora son ofrecidos por otros complementos más sencillos de usar.


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