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Cuidado: el Gran Hermano llega a las oficinas

Muchos empresarios se han convertido en una especie de Gran Hermano que controla (o al menos eso pretenden) todos los movimientos que realizan sus empleados cuando navegan por Internet. Defensores a ultranza de la triada “trabajo, trabajo, trabajo”, ven con malísimos ojos que sus trabajadores malgasten el tiempo visitando páginas cuyo contenido no guarda ninguna relación con su tarea laboral. Bajarse canciones de la Red, consultar nodos de entretenimiento o, incluso –que también los hay–, consultar con fruición páginas de contenido erótico, sueles ser los más habituales.

Atentas al malestar de los jefes, muchas empresas no han tardado ni un segundo en desarrollar la tecnología necesaria para que los directivos rastreen todas las huellas que sus empleados dejan en la Red. Su nombre es “Employee Internet management”, un software cuyo coste asciende a la módica cantidad de 15 dólares por persona vigilada. Poco, muy poco precio, a cambio de saber si el currito de turno está ocupando más ancho de banda de lo necesario, se salta las políticas de la empresa o, simplemente, emplea más de la mitad de la jornada a quehaceres improductivos.

Y es que para muchos Internet es una fuente de distracción. Así lo cree John Carrington, CEO de Websense Inc, una compañía ubicada en San Diego cuyo programa de vigilancia empresarial sobrevuela la cabeza de los empleados de más de 17.000 compañías en Estados Unidos. “Básicamente existe de un centro de entretenimiento en cada ordenador”, afirma Carrington, quien, como un salvador de la decencia en las oficinas, asegura que con su programa “controla la distracción”.

La demanda de este tipo de software ha contribuido a que Websense haya presentado sus primeros beneficios, impulsados por un incremento en los ingresos cercano al 90%. Analista consultados por Thomson First Call vaticinan que la facturación de la compañía pasará de los 35,9 millones de dólares del año pasado a los 61,7 millones de 2002.

El programa de Websense permite que cada compañía elija el tipo de restricción que quiere aplicar a sus trabajadores. La mayor parte de las empresas, aseguran los responsables del software, se decantan por cerrar los “seis elementos pecaminosos”, que incluyen páginas pornográficas, belicas, extremistas, generadoras de odio, de mal gusto y violentas.

Otras muchas van más allá y cierran el paso a todos los empleados que pretendan acceder a páginas de comercio electrónico, deportivas o aquellas que permiten ver los trailers de películas.

“Un problema para las compañías es que la mayor parte de los hogares todavía cuenta con conexiones lentas”, afirma Carrington. Por eso, al disponer de banda ancha desde el trabajo existen más posibilidades de que “se produzcan más distracciones” y caigan en esa especie de “agujero negro en el que la gente queda atrapada”. Que no es otra cosa que Internet. Si George Orwell levantara la cabeza le daría un pasmo.


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