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De cómo convertir 12,5 millones de dólares en 3.000

Quienes hayan podido vivir alguno de los muchos eventos organizados en Sillicon Valley durante la época del boom de Internet, habrán coincidido con frecuencia con John Doerr, de la compañía de inversiones Kleiner Perkins Caufield & Byers. Es un inversor de gran prestigio entre sus colegas, volcado en la tecnología, que supo invertir a tiempo en empresas como Compaq, Netscape o Amazon, proporcionando muy buenas ganancias a la compañía. Sin embargo, John está a punto de ganar el premio gordo. Su inversión en Google, valorada en 12,5 millones de dólares, está a punto de multiplicarse espectacularmente con la salida a Bolsa del buscador y proporcionarle cerca de 3.000 millones de dólares.

Como lo ha denominado el diario New York Times , John Doerr finalmente \”struk Google\”. Eterno defensor del entorno puntocom, que ha definido como la gran aventura americana y la clave del adelanto tecnológico de su país, Doerr ha sido siempre un inversor que, según describe NYT, lanzaba dardos a mucha distancia con un riesgo calculado. Sus inversiones en Onsale.com y Go Corporation resultaron un fracaso, pero su acierto con Google supondrá la cúspide de su carrera inversora.

En realidad, el capital riesgo es precisamente eso: probar, perder a menudo y ganar en ocasiones. En España es una actividad que podríamos denominar el \”capital sin riesgo\”, pero en Estados Unidos está basada en muchos fracasos y unos cuantos éxitos espectaculares.

En España no existe este concepto de capital riesgo. Incluso las empresas extranjeras se atienen a las características del entorno español y rara vez apuestan capital riesgo puro. La mayoría de las inversiones en nuestro país son de lo que podríamos denominar capital desarrollo. Empresas que ya empiezan a caminar con paso firme, cuentan con un modelo de negocio sólido y necesitan dinero para crecer más rápido o ampliar sus redes a nivel mundial. Las inversiones de menos de 3 millones de dólares en capital riesgo puro son muy pocas.

En cambio, en EEUU, personajes como John Doerr tienen peso específico y hablan con frecuencia ante el propio Congreso para conseguir que la industria del capital riesgo pueda seguir financiando start-ups, las empresas tradicionalmente surgidas poco menos que de un garaje y que aspiran a comerse el mundo.

Unas pocas lo consiguen, pero hay que apostar por muchas.

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