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De pe a pa

Curiosamente, uno de los efectos más acusados de la guerra jurídica contra Napster ha sido convertirlo en el estandarte del P2P. Hay otras alternativas, pero son menos conocidas que el programa del diablillo con los auriculares, en parte gracias a la gran campaña de promoción llevada a cabo por la industria discográfica. Y es que hay cosas que como mejor se tratan es con el desdén. Lo peor es despertar el interés del público.

Recientemente una parte interesada en esto del Napster y la transmisión digital de música entre particulares comentaba que la mejor forma de evitar que copien las canciones de uno es ponerle al grupo el nombre de una canción conocida.

No se me ocurre qué beneficio pueden obtener los músicos de frustrar el interés de sus principales seguidores, pero si quieren, pueden hacerlo. Algunos músicos llegan al extremo de colocar en la red archivos falsos, señuelos con el nombre de sus canciones. Son las llamadas \”bombas de Napster\”, caballos de Troya musicales que demuestran que la imaginación vale más que los abogados cuando el problema es tecnológico. Pero el tema de hoy no es el interés de los músicos, sino el de su público.

\”De particular a particular\”, rezan todavía los anuncios por palabras de venta de pisos, señalando que esto del intermediario es muy poco práctico, tanto para el comprador como para el vendedor. Y de particular a particular es lo que son las redes P2P (peer to peer, en el anglosajón original).

Los particulares también son partes implicadas en este asunto de Napster, y mucho. Por seguir con el ejemplo inmobiliario, en las revistas gratuitas de anuncios por palabras la infraestructura es en alto grado pública (puesto que cualquier sistema gratuito financiado por publicidad lo es; \”público\” no es sinónimo de \”institucional\”). En el caso de Napster, son los propios usuarios (los particulares) los que pagan el equipo informático, la conexión, el coste de la electricidad y el mantenimiento. Es algo que parece olvidarse cuando se habla de Napster y sus compañeros del paradigma P2P, que quizá podría traducirse mejor \”del público a particular\”, o \”del particular al público\”.

Sí, del público. Algunos de estos particulares van e incluso se compran CDs y los pasan a MP3, invirtiendo en ello aún más su tiempo y su dinero. El conjunto de particulares que ponen su disco duro y su conexión a disposición de los demás conforman un recurso público y gratuito. Post-Napster, la distribución de música es un recurso público, y mucho más eficiente que prensar CDs y cargarlos en camiones de aquí para allá.

Pagar al restaurante por cocinar en casa

Y pretende Bertelsmann que, además, les paguen una subscripción para dársela… ¡A la industria discográfica! Como señala Clay Shirky, la industria discográfica se llama así porque fabrica y distribuye discos, no porque haga música. Si hiciera música se llamaría industria musical. Pero no, en el nuevo modelo de distribución digital de música, las discográficas son acarreadoras de peso muerto. Siguen en el mundo de los átomos mientras todo lo demás se convierte en bits, como diría Miguel de Unamuno.

Pagar a la industria discográfica por usar Napster es como cotizar para la subvención de los restaurantes por hacerse la comida uno en casa, o llevar platos cocinados a casa de algún conocido. La música, como las recetas, es sólo información. Los autores de libros de cocina y programas gastronómicos siguen teniendo con qué comer (ja, ja) a pesar de que las recetas se puedan intercambiar libremente… pues eso. Lo de los músicos es otro negocio. Ellos viven (los que viven de ello) de hacer bolos y tocar en conciertos, de componer sintonías para anuncios y programas de TV, de dar clases en conservatorios… no de vender discos.

Y el público (también llamados particulares) se caracteriza por no pagar por lo que pueda conseguir gratis. Pero, sobre todo, alguien podría estar dispuesto a pagar por recibir un servicio, pero no uno que ya pagan en especies. Pretende Bertelsmann que, además de pagar la conexión, el almacenamiento, el mantenimiento… ¿se pague una tarifa?

De primo a pringado, o de pardillo a pichatriste, será el P2P si alguien se abona y paga. Napster es sólo el estandarte del P2P. Hay otras alternativas, y tarde o temprano el público se las sabrá todas. De pe a pa.

Javier Candeira es Hiperactivo! No está dispuesto a pagar por usar Napster. Si alguno de sus lectores lo está, que se manifieste.

© 2001 Javier Candeira y Baquía.com. Se permite la reproducción literal mientras se cite la autoría y el origen


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