Dinero de todos que suprime tus errores

Pues sí, los ideólogos del “nunca intervenir” en las acciones de empresas que se desenvuelven en libre mercado, no han tenido más remedio que maquillar los errores de unos cuantos con el dinero de todos. Claro, y es que el batacazo sería un desastre a nivel social para muchas personas. No creo que sea una mala solución a corto plazo, o quizás sí, pero me preocupa cuando menos el envío de un mensaje claro y nada comprometedor, el “nunca pasa nada”, para todos aquellos especuladores, directivos sin escrúpulos, herramientas confusas del ganar dinero a costa de lo que sea.

Estos ejecutivos, idolatrados por revistas especializadas, de presencia continua en conferencias elitistas y en ocasiones supravalorados, centran sus negocios, aunque nunca están trabajando en pos de generar una empresa competitiva, sólo en ganar dinero. Me explico: todos sabemos que en ultima instancia, los negocios tienen un componente cíclico, que permite saber a ciencia cierta que la economía de bonanza que vivimos hoy, mañana se tornará mucho menos generosa y que vendrán tiempos de desaceleración económica, incluso de crisis.

Y es que no acabo de entender (perdón, eliminaré el eufemismo…). Y es que no me creo (mucho más acertado) que hombres y mujeres de negocios, consolidados, experimentados, primeras figuras, que han hecho ganar mucho dinero a organizaciones y accionistas, no tuvieran la capacidad de prever esta circunstancia.

O quizás, por buscar una explicación, es probable que supieran el riesgo que corren en determinadas decisiones empresariales, pero no les preocupe en demasía las consecuencias de éstas, debido a que saben que cuanto más importante sea la pérdida de valor de la empresa para la que trabajan, antes aparecerá el ángel salvador, en forma de inyección económica, rebaja fiscal, abaratamiento de despidos, etc., ya que la administración no va a dejar miles de puestos de trabajo en la calle, incertidumbre en la sociedad, paranoia empresarial, y sobre todo, cuando hay grandes accionistas (lobbies de poder), permitir que pierdan dinero y se inicie un derrumbe en cadena.

Este es el escenario que se nos presenta. No es la primera vez que aparece ante nuestros ojos, y desgraciadamente no será la última. Cuando la fortaleza y solvencia de las empresas se miden sólo en algo cuantitativo como el dinero, a éste se le concede el beneplácito de que sea el valor que diferencie el bien del mal en los comportamientos de las empresas. Esto genera un problema de miopía social. Estamos mirando la economía desde una perspectiva errónea, porque la economía no debe ser algo puntual y concreto, sino periódico y de recorrido en el tiempo. El dinero es el medio para la proyección de las empresas serias y competitivas, nunca debe ser el fin.

Y es que por generar más dinero, no se es más competitivo. Conocemos empresas que hace muy pocas fechas presentaban cuentas saneadas, repartían dividendos generosos y hacían felices a sus accionistas. En ese mismo corto espacio de tiempo y ante las primeras adversidades, presentan suspensiones de pagos, quiebras técnicas, ERES, etc. ¿Qué fortaleza real poseían dichas organizaciones? ¿Cuánto de competitivas son esas empresas? No lo sé, pero la lectura que se saca es que todo vale para garantizar el máximo ROE, por y para los accionistas, a sabiendas de sus debilidades como empresa y con menosprecio a la perdurabilidad en el tiempo de ésta.

¿Qué ocurre con otros muchos “clientes” de estas organizaciones? El que compra sus productos o servicios, los trabajadores de la empresa, la propia comunidad donde esta inmersa (observen en estos tiempos de turbulencias que pocas acciones de RSC, van a comunicar las empresas), esos son agentes menores y prescindibles.

Los accionistas meten su dinero en máquinas de hacer dinero, y sobre todo en aquellas que más les aporten anualmente. Cuando aparecen pérdidas, en el mejor de los casos se irán en busca de otra máquina, y en el peor llorarán e incluso exigirán a quien corresponda adoptar medidas, para que les devuelvan su inversión si la debacle es mayor, y todos tendremos que aportar nuestro granito de arena en forma de dinero o sacrificio, ante el previsible desastre social. Es decir, el término “riesgo en la inversión” sólo se aplica a unos cuantos, por supuesto los más débiles y peor informados.

Comentar que esos “rescates”, que pagarán aquellos que cumplan con sus impuestos, irán dirigidos a empresas de ciertas dimensiones, mientras que las que realmente generan músculo economico, las pymes, se tendrán que ver abocadas a aceptar su mala suerte en el juego de los negocios y cerrar, a costa de desgracias para muchos (proveedores, trabajadores, etc.) y sin ayuda posible.

Bien, ya sabemos que esas macromáquinas de hacer dinero (grandes constructoras, megaempresas financieras, y de otros muchos sectores) no son fiables e infalibles, porque no poseen directivos fiables que consoliden el crecimiento sostenible de dichas máquinas, son potencia sin control. Estos responsables han aprendido que tiempo y dinero son dos variables excluyentes para muchos accionistas. Estas premisas, si siguen vigentes, seguirán provocando situaciones de crisis económicas más habituales, cada vez con ciclos más cortos para su aparición. Se deben marcar reglas claras y comunes para la generación de riqueza, así como fórmulas de retorno de rentabilidad para las administraciones posteriores a las ayudas.

De todas formas, si al menos estos conductores de las máquinas pagaran sus errores con sus propios patrimonios… Pero eso sería faltar a la máxima de “dinero de todos que suprime tus errores”.


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