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DivX ;-), vídeo a la carta

Ya se conoce como el MP3 del vídeo, y con razón: DivX es un sistema de compresión de vídeo, nacido a la sombra del MPEG-4 y el DECSS, que reduce drásticamente el tamaño de las películas sin perder apenas calidad. Un número indeterminado de entre 3 y 10 millones de personas ya lo usan según sus creadores. Con DivX se abre un horizonte lleno de posibilidades que tiene en vilo a la industria cinematográfica, que ya ha visto pelar las barbas de su vecina musical.

El intercambio de películas se encuentra en el mismo estado larval que vivió el intercambio de música en formato MP3 hace algunos años. Es decir: mucho desconocimiento por parte del grueso de internautas, mucho entusiasmo por parte de hackers y usuarios avanzados de la Red (sobre todo estadounidenses), una creciente proliferación de sitios web en los que se explica qué es y cómo usar el DivX, un boca a boca feroz y un clamor en contra de la pobre calidad de la mayoría de las conexiones y a la espera de la banda ancha.

Todos pronostican un auge creciente de esta práctica, aunque muchos dudan que alcance la popularidad de la música. El enorme tamaño de los archivos, sólo apto para conexiones potentes, hace que no todo el mundo tenga fe en la `napsterización’ de películas, al menos durante unos años. Las conexiones de calidad en los hogares van creciendo, pero despacio.

Ahora toca esperar y ver como prospera. También habrá que observar la reacción de la industria cinematográfica y a las televisiones, que en teoría lo tienen mucho más fácil que las discográficas, aunque sólo sea porque la MPAA (Motion Picture Association of America) puede fijarse en los errores y aciertos de la RIAA (Recording Industry Association of America) y actuar en consecuencia.

El MP3 del vídeo

Primera y necesaria aclaración antes de entrar en materia: el DivX del que estamos hablando no tiene absolutamente nada que ver, exceptuando el nombre, con el DivX de Circuit City que murió en 1999: una suerte de DVD de pay per view que pasó por el mundo tecnológico con más pena que gloria, pese a originar muchos titulares en el momento de su nacimiento. Para diferenciarlos, en numerosas ocasiones se le añade un smiley guiñando un ojo al nombre, es decir: DivX ;-).

El DivX actual nació de la mano de dos hackers europeos, un ingeniero de vídeo francés conocido como Gej, pese a que se llama Jerome Rota, y el programador alemán Max Morice. Y es heredero directo de dos tecnologías diferentes:

  • DivX está basado en el formato estándar de compresión MPEG-4. Una maravilla de la que se llevaba oyendo hablar años y que ya está aquí, desarrollada por Moving Picture Experts Group (MPEG), un grupo de trabajo encargado por la International Standards Organization (ISO) y asistido por 300 expertos de 200 empresas y con representación de más de 20 países, de desarrollar los estándares de vídeo y audio digital desde 1988.
  • DivX no tiene sentido sin el DeCSS. El polémico programa, creado por un noruego de 15 años, que permite romper la encriptación de los DVDs (el CSS o Content Scrambling System) y convertir las películas en un enorme archivo MPEG de varias GB. La MPAA persiguió con saña este programa y los nodos que lo albergaban, mientras el DeCSS se defiende arguyendo que existe para permitir que los usuarios de sistemas operativos GNU/Linux accedan a las películas en DVD.
    En caso de los vídeos que recogen series, películas o anuncios emitidos en televisión, la función del DeCSS lo realiza una tarjeta capturadora de vídeo conectada al PC. Esta pieza de hardware es extremadamente popular y barata: se puede encontrar por unos 30 o 40 dólares.

El resultado es una tecnología híbrida y multiplataforma que convierte una película en DVD de hora y media que ocuparía un disco duro entero con sus 8GB de peso (el DVD emplea el estándar MPEG 1 o el MPEG2), en un manejable archivo de 650 MEGAS con una resolución de 640*480, el tamaño ideal para volcarlo en CD virgen convencional. La pérdida de calidad es irrisoria.

Teniendo en cuenta lo mucho que se ha oído que DivX no es más que una versión hackeada (y muy mejorada) de la tecnología de Microsoft, mucho afirmarán que el gigante de Redmond también debería estar en esta lista. Pero desde Project Mayo aseguran que no es así, que su empresa posee el copyright de todo su código, y en Baquía.com no dudamos de su palabra, al menos hasta que se demuestre lo contrario.

OpenDivx

Destacan dos proyectos que están intentando mejorar DivX ayudados por la comunidad open source: uno es 3ivx.com, pero Project Mayo es el principal.

Esta empresa fue fundada por el galo y el germano que crearon DivX y por otros otros desarrolladores que responden por El-Jin, L0g05 y Bez . El proyecto se llama Mayo por la palabra mayonnaise (mayonesa en francés), un alimento cuya preparación requiere de una mezcla de técnica, tiempo y buena suerte.

Según sus propias declaraciones, liberaron el código para adquirir ubicuidad, para que su producto fuera aplicable en todas la plataformas y para ganar en calidad y añadidos, gracias a los brillantes y desinteresados desarrolladores de la comunidad open source. La nueva versión, en la que se encuentran ahora trabajando, se llamará DivX Deux, y Jordan Greenhall, CEO de Project Mayo, espera que se convierta en un estándar para el vídeo equiparable al MP3.

La reacción de la industria cinematográfica

Pese a que reaccionó con muy malas pulgas ante el DeCSS, de momento están siendo bastante pacíficos con el DivX. De todas maneras no les queda otro remedio. El mismo Jack Valenti, cabeza visible de la MPAA, ha reconocido públicamente que es sólo una tecnología de compresión, y que por tanto es completamente legal.

El tamaño de los archivos les tiene tranquilos de momento, al igual que su triunfo sobre Scour Exchange, una suerte de Napster para imágenes y música que fue sesgado de raíz cuando estaba alcanzando rápidamente popularidad. Además, es cierto que las películas están en la Red mucho antes incluso de que lleguen a las salas de cine, pero encontrarlas no es tan fácil como acudir a un listado diseñado para que lo usen hasta los más torpes como es el caso de Napster.

Para la televisión esta amenaza no está tan lejana: el pequeño tamaño de las piezas televisivas, unido a su carácter transitorio, lo convierte en el caldo de cultivo, experimentación y difusión del DivX. Buscar en Internet el episodio de South Park o de Expediente X que no se pudo ver por una reunión familiar o un fallo a la hora de programar el vídeo, es un práctica mucho más habitual.

En cualquier caso, ni la industria cinematográfica, ni las empresas de televisión por cable, ni las cadenas de videoclubs están de brazos cruzados. Además de llevar a cabo algunas persecuciones y denuncias, mucho menos espectaculares que las protagonizadas por las discográficas, también están reconfigurando sus departamentos dedicados a la distribución legal y de pago de vídeo online para ganarle la partida por la mano a la espontánea que está creciendo en Internet. Indudablemente tienen más cartas que jugar que la RIAA, veremos si saben llevar bien la partida.


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