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Economía IP y el fin de la dicotomía ocio/negocio

\’Ocio\’ y \’negocio\’ se definen por oposición. Desde el abandono de la economía cazadora-recolectora (o del paraíso terrenal), ocio y trabajo nunca son simultáneos sino actividades alternativas. Trabajar es llevar a cabo una actividad más o menos compleja, con más o menos dificultad física o intelectual y total dedicación. Igual que ha terminado siendo el ocio; basta visitar cualquier página web \’amateur\’, recorrer cualquier montaña con buen tiempo, visitar cualquier exposición de aeromodelismo o filatelia, recorrer la \’ruta de los festivales\’ musicales durante el verano español… Mucha gente dedica más tiempo, esfuerzo, capacidad y atención al ocio que al trabajo. La única diferencia hoy es que se nos paga por el trabajo, pero pagamos por el ocio. Eso puede cambiar.

El Fin del Trabajo que profetizó Jeremy Rifkin está ocurriendo, gracias a la Red y las propiedades emergentes de la Economía IP. Existen ya ejemplos de confusión entre ocio y negocio, una dualidad básica que subyace a la economía moderna. Internet está permitiendo a algunas personas aprovechar la Economía de la Atención de formas nuevas y lucrativas. Cuando la frontera entre ocio y negocio se difumine, hasta desaparecer en algunos casos, la economía resultante será desconocida.

Jennifer Ringley tenía 19 años cuando en 1996 puso en marcha Jennicam; la madre de todas las webcams y antecedente directo de Gran Hermano. Jenni lleva más de 5 años retransmitiendo en directo su vida a quien desee pagar por el privilegio; eso incluye imágenes de vídeo, acceso a su diario, foros de discusión, correo electrónico… Los espectadores de Jennicam (miles pagan por el privilegio) la han visto llorar, aburrirse, trabajar, estudiar y retozar con chicos; hasta la han visto quitarle el novio a su mejor amiga en directo. Una verdadera soap opera en directo, por la que Jenni ingresa un dinero (en principio para gastos técnicos). Hay miles de webcams, pero muy pocas cobran…

Dennis \’Thresh\’ Fong tiene 24 años, y se gana la vida con su talento como jugador profesional de videojuegos ultraviolentos. Gracias a su habilidad sumando frags en \’Doom\’, \’Quake I\’, \’Quake II\’ y \’Warcraft\’, ganó miles de dólares en premios (y hasta un Ferrari rojo antes de tener carné de conducir), para después fundar dos revistas online (GamersX y posteriormente FiringSquad). \’Thresh\’ vive de esto y de los patrocinios de empresas del sector (entre ellas Microsoft y Diamond Multimedia), como cualquier deportista de elite. Jugando a videojuegos.

Philip Greenspun es programador, especializado en nodos de Internet que funcionan sobre una base de datos (el 99% de los comerciales). Tiene 35 años, ha publicado un libro sobre el tema (cuyo texto completo está en la Red) y además fundó ArsDigita, un nuevo tipo de empresa basada en equipos de programadores de muy alta calidad asociados para proyectos concretos y con una superestructura mínima. La relación personal y de confianza es clave en este proyecto, en el que los programadores no son ni contratados ni freelance sino todo lo contrario. ArsDigita es la evolución de sistemas de \’subasta de capital intelectual\’ como Freelance.com, en los que individuos poseedores de talentos específicos los ponen a la venta al mejor postor.

Nodos comunitarios como Slashdot o Kuro5hin intentan automatizar la confianza, con sistemas como el \’Slashdot Karma\’, o el ‘Kuro5hin Mojo’. Ambos pretenden medir la relevancia de los comentarios que se publican allí mediante un sistema de puntuación, pero son diferentes. En los dos casos una elevada puntuación demuestra que el autor es de fiar; pero conseguirla puede llevar años de participación consistente y cuidadosa. Dentro de Slashdot el Karma es más valioso que el dinero, al igual que el Mojo en Kuro5hin… y en algún momento serán una nueva divisa: la moneda de la economía de la atención

El límite entre lo que es \’trabajar\’ y lo que es \’dedicarse a un hobby\’ empieza a ser dudoso. ¿Trabaja \’Thresh\’ cuando juega a Quake III, para criticarlo o batir un récord y aumentar su prestigio? ¿Es ocio o negocio que Jenni haga el amor con su novio ante su audiencia de usuarios de pago? ¿Es \’trabajar\’ pertenecer a ArsDigita, es decir, a un equipo de talentos que llevan a cabo proyectos de su elección? ¿Se diferencia esto de la estructura de un equipo de producción cinematográfica?. ¿Veremos sistemas de subasta de talento en tiempo real basadas en puntuaciones como el \’Slashdot Karma\’ para otro tipo de habilidades?. Es muy fácil que en el inmediato futuro podamos comercializar activamente desde nuestros datos (hábitos de compra, con o sin identidad) hasta nuestras puntuaciones en juegos de ordenador o nuestras habilidades como pinchadiscos. Muchas de las actividades que hoy consideramos \’ocio\’ podrán darnos dinero (o \’prestigio\’, o atención); la frontera entre el momento de trabajar y el de descansar dejará de ser un muro infranqueable. Lo divertido será crear la economía de un mundo así. La cita, en pocos años.


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