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¿Economía Nueva o Vieja? Qué más da…

\”Nueva Economía\” es uno de esos términos ambiguos y un tanto vacíos de sentido que como Nasdaq, proveedor de contenido o incubadora deben formar parte del vocabulario de los observadores interesados en las nuevas tecnologías y su impacto sobre la sociedad.

¿Pero existe algo así como la Nueva Economía? , si con ella definimos y englobamos los enormes avances tecnológicos y de productividad que está originando la introducción masiva de las tecnologías relacionadas con Internet. No, si utilizamos este término para implicar que las reglas de juego y los mecanismos de coordinación políticos y económicos han cambiado radicalmente.

Poco de nuevo en las finanzas

En los aspectos puramente financieros la Nueva Economía tiene poco de nuevo. El actual derrumbe del Nasdaq lo demuestra de sobra. Las técnicas de valoración siguen siendo las mismas de siempre. El DCF (descuento de los flujos de caja) sigue reinando entre las técnicas que emplean los analistas financieros en la difícil tarea de obtener el valor de una compañía. En otras palabras, una métrica como el número de páginas vistas o la cantidad de usuarios únicos puede ser muy válida como información para mejorar la gestión de un website, pero no debe ser utilizada a la hora de valorar una empresa. ¿O es que acaso se utiliza el número de personas que entran, y no necesariamente compran, en El Corte Inglés, Carrefour o Walmart para determinar el valor de estas empresas?

Los efectos macroeconómicos o el paralelismo del ferrocarril

En cierto modo se puede hacer una comparación entre lo que significó la introducción del ferrocarril y la aparición de Internet. A mediados del siglo XIX el ferrocarril aumentó la productividad de las economías occidentales (aunque distinguidos economistas como el Premio Nobel de Economía Robert Vogel discrepan de esta visión). La aparición del ferrocarril posibilitó el transporte de productos de unas zonas a otras. De esta manera una zona se especializaba en la producción de aquellos bienes en los que tenía una ventaja comparativa frente a las demás regiones e importaba bienes cuya producción era más barata en otras zonas. Internet ha tenido un efecto similar sobre la eficiencia económica al reducir de manera considerable los costes de transacción y la \”fricción\” existente entre compradores y vendedores de bienes y servicios (derrumbe de barreras geográficas y democratización del acceso a la información).

A nivel macroeconómico estos efectos positivos se han reflejado en las enormes tasas de crecimiento que ha tenido EEUU, la economía más permeada por Internet, en la segunda mitad de la década de los noventa.

Es cierto que la introducción del ferrocarril en EEUU conllevó la formación de enormes fortunas: ahí esta el caso del magnate neoyorquino Cornelius Vanderbilt (1794-1877). De manera similar la aparición de Internet ha ayudado a enriquecer a los Bill Gates (Microsoft), Tim Koogle (Yahoo!) o Larry Ellison (Oracle) de nuestra época. Ahora bien, así como un vendedor que ponía un carrito de venta de refrescos en los trenes no tenía altas expectativas de rentabilidad económica a finales del siglo XIX, tampoco las tienen en la actualidad muchas empresas por el mero hecho de estar relacionadas con Internet.

El ciclo macroeconómico no ha desaparecido

Asimismo, hay que resaltar que la mayor eficiencia originada por la reducción de los costes de información y transacción mitiga, pero no hace ni mucho menos desaparecer, el ciclo económico. ¿Un ejemplo? El modo de producción \”just in time\” facilitado por la integración informática de las divisiones de ventas, compras y producción de las empresas, y el contacto con proveedores y clientes a través de sistemas de EDI o Internet reduce, pero no elimina la necesidad de disponer de inventario para atender las necesidades imprevistas de los clientes. ¿No está de acuerdo? Pues observe el actual ciclo de reducción de inventarios (y menor producción) por el que están atravesando muchas empresas tecnológicas estadounidenses debido a la fuerte contracción de la demanda de sus productos.

Una perspectiva errónea u obcecarse con las puntocom

Además, los medios de comunicación (entre ellos Baquía) a veces se centran excesivamente en la cobertura de las empresas puntocom cuando informan sobre la \”Nueva Economía\”. Pues, señores y señoras, todo indica que estamos equivocados (¡mea culpa!). En gran medida la auténtica revolución está teniendo lugar en las empresas tradicionales que están adoptando las nuevas tecnologías y estudiando las implicaciones de la conectividad IP para sus compañías y modelos de negocio.

Este es el caso de la inmensa mayoría de los bancos que ven en Internet un nuevo, pero ni mucho menos, exclusivo canal de distribución. Otro caso es el de los medios de comunicación (por ejemplo Martha Stewart y Televisa) que están implantando estrategias de convergencia en las cuales una marca y un contenido son distribuidos a través del mayor número de canales posibles, entre ellos la Red. La conversión de compañías como Netjuice y Coverlink de incubadoras de puntocom a consultores estratégicos de empresas tradicionales no hace más que subrayar que donde se reparte el bacalao de la adopción de Internet es en las empresas tradicionales.

A fuerza de simplificar, la conclusión es que la Nueva Economía está siendo absorbida por la Vieja Economía. En esencia, la vida sigue igual.

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