¡Eh, que yo lo vi primero!

En los tiempos que corren, donde la instantaneidad es el valor rey –y muy especialmente en los medios de comunicación online-, es presunción vana tratar de arrogarse la exclusividad de los contenidos. Las noticias circulan por doquier, a la velocidad de la luz, y los periodistas las recogen; unos las tratan con mayor extensión, otros hacen verdaderas piezas literarias, etc.

Por eso The Economist o Time, tanto en sus versiones papel como en las digitales, están muy por encima de Chalecosamarillos.com (un suponer) aunque traten idénticas cuestiones.

Nos parece oportuno distinguir entre el robo y el plagio. En éste, el sujeto se limita a trasladar, y precisamente suele perder los mejores muebles por el camino. Por el contrario, el robo periodístico, literario, puede llegar a resultar una verdadera obra de arte, pues que el ladrón siempre dejará vetas de sí mismo que darán, ya, otra cosa.

Pero llama poderosamente la atención el hecho de que medios diminutos pretendan disfrutar de un derecho de pernada sobre lo que ellos vieron primero, si es que lo vieron primero claro, porque ¿cómo se puede demostrar?

Lo curioso es que suelen llenarse la boca de mueras a la propiedad intelectual y de loas a la libre distribución de contenidos… Siempre que ellos no se vean implicados; porque de ser así, sus egos se inflan hasta límites más allá de lo razonable. La prueba de lo que decimos es que todos los medios de comunicación hablan en un 95% de las mismas cosas; sin embargo, no todos cuentan con el mismo volumen de audiencias.

Y pensar que porque alguien -a lo mejor ni siquiera intencionadamente- omita una referencia a determinada web ésta se va a hundir en los abismos es del género bobo. Se vendrá a pique por la impericia de sus profesionales o por los vaivenes del mercado, no por factores externos.

Hablaba Torres-Villarroel de los doctos autores \”que ya desde el prólogo se alaban unos a otros\”. En ocasiones, el panorama español de medios digitales se asemeja a una corrala en la que unos cuantos amiguetes tratan de repartirse el pastel sin advertir que en esto, como en todo, la competencia es tan feroz que lamentablemente no queda tiempo para juegos florales. Más.


Compartir en :


Noticias relacionadas




Comentarios