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El amor en la Red también es para los cincuentones

Se suele pensar que a los 50 el amor pasa a un segundo plano. Por otra parte, los más mayores usan la Red menos que los jóvenes. Pero no pocas personas que rondan o han pasado el medio siglo de vida están aprovechando a tope los sitios para conocer gente online. Susan Gladstone, divorciada y con dos hijos, todavía no ha encontrado a su alma gemela, pero que le quiten lo bailado; ha disfrutado de numerosas cenas agradables, ha encontrado gente fascinante de numerosos países y ha hecho bastantes amistades duraderas.

Esta persona es un buen paradigma de una tendencia ascendente: la gente de 50 y más años se ha lanzado a Internet en busca de amistad, romances y en algunos casos matrimonio. Sin embargo, también hay que tener cuidado con las personas que ponen en la Red sus fotos… de veinte años atrás; o con quienes preguntan inmediatamente a su interlocutor cuánto dinero tiene; o los que dicen lo fabuloso que es usted y luego desaparecen. De todas formas, para la mayoría de los usuarios se trata de una experiencia que merece la pena.

La principal razón que lleva a los maduros solteros y separados a la Red es el creciente acceso a Internet de este grupo generacional y su cada vez mayor familiaridad con el mundo online. Para las compañías, esto no está pasando desapercibido; en los anuncios personales de Yahoo se incluye una columna de consejos –desde etiqueta hasta vida sexual- para usuarios de más de 50 años.

Según Match.com, las personas de entre 45 y 59 años suponen ya su segmento de usuarios de crecimiento más rápido; han aumentado nada menos que en torno al 350% desde 2000, y ahora suponen 3 millones (el 22% del total de usuarios). Fuentes de esta empresa afirman que esta gente suele ser mucho más clara y realista acerca de sus deseos.

También hay sombras. Jeffrey Balash, inversor de 57 años de Los Ángeles (EEUU), dice que lo malo es que a estas edades hay demasiada gente que ha acumulado razones para renegar de las relaciones. Asimismo, lamenta la falta de cortesía que se suele dar a menudo en la Red y el excesivo interés por las riquezas materiales que, a su juicio, muestran las interlocutoras con las que ha ido entablando contacto.

Como siempre, hablamos de una cuestión de química; la chispa que se puede percibir durante las conversaciones en el chat o a través del correo electrónico puede desaparecer cuando se ve a la persona en carne y hueso. Pero, como dice el refrán, el que quiera peces


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