El blog del troll

Durante muchos años, Carlos Pumares saludó a los oyentes de su programa radiofónico Polvo de estrellas con la misma frase: “Sí, buenas noches, dígame”. A continuación seguía una conversación con el oyente, en la que el impredecible Pumares lo mismo podía desplegar una apabullante exhibición de sus conocimientos cinematográficos que terminar despotricando a gritos contra el objeto de su ira de turno. Pero al fin y al cabo, lo importante, el sustento del programa, era el diálogo con la audiencia, aunque más de uno hubiera de soportar que Pumares cortase de cuajo la llamada cuando la conversación le molestaba o aburría. Al fin y al cabo, (la mala educación) era parte del personaje.

Después de abandonar la radio, Pumares siguió por derroteros profesionales que le permitieron explayarse en su faceta de cascarrabias, cuando no de bufón. Ahora tiene un blog, de apenas un par de meses de antigüedad. Su primer post empieza con toda una declaración de intenciones:

Hola a todos. Ante todo, que conste que yo hago esto por dinero, que me importa un pito la audiencia (me refiero a la masa, no a la gente).

Al menos es sincero. ¿Alguien le habrá explicado a este hombre lo que significa tener un blog? ¿Leerá los comentarios? ¿Contestará alguno, tendrá en cuenta alguna opinión? ¿Leerá otros blogs? ¿Será capaz de enlazar a otro blog? En definitiva: ¿alguien le habrá explicado que la credibilidad de un blog la otorgan sus lectores, y que sin respeto y confianza es difícil lograrla? Tal vez no, pero da igual. Quien guste del morbo y la cizaña, acudirá a esta página (es difícil calificarla de blog) para leer los exabruptos de Pumares.
Por una vez, los trolls no aparecen sólo en los comentarios: este es tal vez el primer blog escrito por un troll. Tal vez haya que detenerse en los comentarios de este pseudoblog para encontrar opiniones que no pequen de extremistas y provocadoras.


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