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El CrunchPad no se fabricará

Michael Arrington es uno de los blogueros más conocidos e influyentes de Internet, desde su publicación TechCrunch.com. Desde hace año y medio, trabajaba en el salto de la producción de contenidos a la de hardware, un proyecto que acaba de ser cancelado

La idea era lanzar una tableta táctil con pantalla de 12 pulgadas, bautizada como CrunchPad, a medio camino entre un netbook y un smartphone. Un aparato sencillo e intuitivo, funcionando sobre Linux, diseñado básicamente para tareas cotidianas como navegar por Internet, ver películas o vídeos o consultar el correo electrónico.

Todo el programa para el lanzamiento estaba ya diseñado, con la presentación oficial del gadget a finales de noviembre, y una tanda inicial de 1.000 aparatos para los primeros pedidos. Después, en 2010, comenzaría la producción y comercialización masiva.

Sin embargo, como explica el propio Arrington en su blog, el proyecto ha sido cancelado. Los motivos, resume, son tres: avaricia, celos y falta de comunicación.

Arrington explica que el 17 de noviembre, tres días antes de la presentación oficial, recibió un e-mail del CEO de Fusion Garage, el fabricante del tablet, notificándole que, por decisión de los accionistas, TechCrunch quedaría fuera de la comercialización del gadget.

Una decisión tan sorprendente, reflexiona Arrington, como si Foxconn, fabricante del iPhone, comunicase a Apple que vendería directamente el teléfono, sin la participación de ésta.

Aunque a Arrington se le reconocería el papel de evangelista o visionario, Fusion Garage pretendía reservarse los derechos comerciales sobre la marca y el producto. Algo que no es legalmente posible, ya que las dos compañías comparten la propiedad intelectual sobre el CrunchPad, mientas que la marca está registrada por TechCrunch.

Todo estaba preparado para la comercialización del CrunchPad: un acuerdo con una tienda de ventas multimillonarias (¿Amazon?) para su distribución, la colaboración financiera y tecnológica de Intel, una firma de capital riesgo dispuesta a invertir en el proyecto y diferentes patrocinadores que ayudarían a fijar en torno a 300 dólares el precio de venta…

Pero las disputas no se han arreglado y el proyecto se ha cancelado, pues Arrington entiende que su parte ha sido coaccionada, traicionada e insultada. La ruptura con el fabricante, admite, le ha provocado sentimientos de decepción y tristeza, más que preocupación financiera, pues la motivación económica nunca fue el primer objetivo del proyecto.


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