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El e-mail lleva al telegrama a la tumba

Western Union ha anunciado el cierre de su emblemático servicio de telegramas, una noticia sintomática del fin de una era en la que faxes, enciclopedias o cartas en papel ven cómo se apaga su reinado ante el poder del teléfono y, sobre todo, del correo electrónico.

Fundado con una ayuda de 30.000 dólares del Congreso de EEUU, su inventor Samuel Morse, inauguró el servicio con un mensaje de Washington a Baltimore el 24 de mayo de 1844 que decía: What has God wrought? (¿Qué nos ha deparado Dios?).

Una corta misiva que inició una era en la que los telegramas se usaban para todo, desde felicitaciones de bodas o nacimientos hasta el anuncio del fallecimiento de un familiar.

Durante la II Guerra Mundial, los estadounidenses temían la llegada de un mensajero de la Western Union, ya que el Departamento de Guerra contrató los servicios de la compañía para notificar a los familiares la muerte de los soldados.

Pero estos escuetos mensajes sin artículos y plagados de STOP pasaron a la historia ante el avance de nuevos inventos que amenazan con dejar atrás no sólo la reliquia que son hoy los telegramas, sino también a vacas sagradas de la comunicación como las cartas en papel, en declive desde hace varios años, o las enciclopedias.

Ya no merece la pena dejarse la espalda con los pesados y costosos ejemplares cuando se puede encontrar información más abundante en cuestión de minutos en la Red, donde fuentes de referencia como la Enciclopedia Británica tienen ediciones online mucho más completas que las de papel.

El fax, un invento mucho más reciente, tampoco tiene visos de sobrevivir mucho más tiempo, ya que pronto podría quedar superado ante el empuje de las comunicaciones por Internet, que convierten el manejo del papel y los pitidos de la máquina en un fastidio lento y engorroso.


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