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El futuro de Napster, pendiente de un hilo

La largamente esperada decisión del tribunal de apelaciones estadounidense sobre si se debía permitir la continuación de las actividades de Napster fue finalmente emitida en el día de ayer, y no fue nada favorable a los intereses de la empresa: confirmó prácticamente en su totalidad las medidas cautelares de la juez federal Marilyn Patel (que habían sido recurridas por Napster) y que obligaban a ésta a impedir el intercambio de archivos MP3 sujetos a copyright a través de su servicio en tanto no se juzgara el fondo del asunto, a lo que la empresa californiana alegó que equivalía a su sentencia de muerte, pues no podía controlar lo que sus usuarios estaban haciendo al conectarse a sus servidores.

La sentencia del tribunal de apelaciones se basa en unos principios claros:

  • El intercambio entre particulares de archivos MP3 sujetos a copyright vulnera los derechos de propiedad intelectual y es, por lo tanto, ilegal
  • Aunque la legislación estadounidense reconoce el derecho a la copia privada cuando no hay ánimo de lucro, entiende que el que haya casi 60 millones de usuarios intercambiando más de 15.000 archivos MP3 cada segundo –como han estado alardeando los chicos de Napster- hace que esa copia deje de ser, precisamente, privada.
  • Napster, como sistema, no es ilegal per se, porque permite también el intercambio legítimo de archivos, ya sea porque están libres de copyright o porque sus titulares lo autorizan, lo que en la jerga legal anglosajona se conoce como fair use.
  • En cambio Napster, como empresa, comete una ilegalidad si consiente, facilita o fomenta el intercambio de archivos cuando éstos sí están sujetos a copyright, lo que entiende ocurre en la mayoría de las ocasiones, y está obligada a evitarlo. Según el tribunal, Napster es lo que llama un \”cooperador necesario\” desde el momento en que pone a disposición de sus usuarios una tecnología que permite la copia ilegal y unos servidores que constantemente están permitiendo esa actividad, por lo que no puede alegar la llamada \”defensa Sony Betamax\” (el fabricante japonés ganó la demanda planteada por la industria cinematográfica al afirmar que sus videos permitían un uso legal y que, además, no podía controlar lo que los compradores hiciesen con ellos una vez fuesen de su propiedad). Es decir, no es lo mismo una empresa que fabrica unos productos cuyo control se le escapa totalmente una vez están en poder del consumidor, que una empresa que está poniendo a disposición de sus usuarios un servicio continuamente mantenido en las mejores condiciones posibles
  • Napster está obligado a monitorizar su servicio, y es responsable si el intercambio que se produce a través de él es ilegal, pero sólo tras recibir notificación por parte de los legítimos propietarios del copyright, no a priori. En este sentido, el tribunal de apelaciones rebaja las exigencias de la juez Patel, que obligaba a Napster que evitara, motu proprio, el intercambio ilegal de archivos, algo que la empresa alegó que no tenía la capacidad técnica de hacer. A raíz de la sentencia, los propietarios de los derechos (las compañías discográficas) tendrán que notificar de forma detallada los archivos en cuestión, y sólo después de ello estará Napster obligada a bloquear los archivos en cuestión.

Las reacciones no se han hecho esperar: Hillary Rosen, cabeza visible de la industria discográfica (RIAA) se congratuló de lo que considera un triunfo con todas las de la ley. Por su parte, los responsables de Napster, en una multitudinaria rueda de prensa con la presencia de su CEO Hank Barry, de su creador Shawn Fanning y, por teleconferencia, del abogado estrella David Boies, recientemente contratado por la empresa californiana y que últimamente aparece allí donde hay un buen follón (caso Microsoft, proceso electoral de Florida, entre tantos otros), lamentaron la decisión judicial y se mostraron a la espera del siguiente paso procesal para decidir interponer un posible recurso, algo que ciertamente entra dentro de lo probable.

La decisión es ciertamente salomónica, porque tampoco obliga a que las medidas cautelares se adopten desde este mismo momento; por ahora, el trubunal de apelaciones devuelve el asunto a manos de la juez Patel con instrucciones de que vuelva a emitir una sentencia menos restrictiva, en función de lo comentado más arriba. Mientras, Napster podrá seguir funcionando como si tal cosa, y, cuando esto ocurra, habrá un más que probable recurso por parte de Napster ante el tribunal Supremo y en el que, sin duda, se solicitará que la empresa pueda seguir operando hasta que se llegue a una decisión final.

Así que, de momento, estamos poco más allá de donde estábamos hace unos meses: ante un proceso que previsiblemente durará unos cuantos años y que, mientras tanto, dará tiempo a que Napster, con su nuevo aliado Bertelsmann, intente llegar a un acuerdo con las discográficas demandantes. O a que el gigante alemán se arrepienta de haberse involucrado con la empresa californiana y rompa su acuerdo dejando morir a ésta de una especie de empacho judicial. O que, en definitiva, la propia realidad de las cosas, junto con la tecnología en sí misma, acabe poniendo las cosas en su sitio y demuestre que ni hace falta Napster para que los usuarios intercambien música gratis, ni exista probablemente la posibilidad técnica y jurídica de que las limitaciones que se le puedan imponer se puedan cumplir en la práctica.

Pero eso queda para un nuevo artículo, mañana mismo.


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