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El juego online en Europa, según The Economist

Esta semana, la revista The Economist dedica un artículo a la situación del juego online en Europa. La revista arranca el artículo con la pregunta: “¿Quién dice que Europa no puede producir gigantes de Internet?”

Según el semanario, al menos en un área del comercio electrónico, las compañías británicas son líderes mundiales. Betfair, un portal de intercambio de apuestas con sede en Londres, ha sido referida como el eBay de apuestas deportivas, y la gran mayoría de páginas web que permiten a las personas jugar a póquer y otros juegos de azar o habilidad están basadas en Europa

En parte, esto es así porque aquí es donde está el mercado: Los europeos ponen el 40% de todas las apuestas online. Sin embargo, la razón de mayor peso es la prohibición del juego online en Norteamérica. Con su amor por las carreras de caballos, los deportes y los casinos, más su imbatible industria tecnológica a nivel mundial, Norteamérica debería ser la cuna de este creciente mercado. Pero el país ha arrestado a emprendedores de la industria y ordenado a los bancos el bloqueo de pagos a firmas de juego online. En junio de este año, la Comisión Europea comentó quejosa que las restricciones norteamericanas hacia las firmas europeas de juego online quiebran las normas de la OMC.

Sin embargo la misma Europa está profundamente dividida en sus opiniones sobre el juego online. En teoría existe un solo mercado pero en la práctica, sólo 13 de los 27 estados de la UE aprueban el juego online. Siete países lo restringen a monopolios de juego con licencia o propiedad del Estado, y otros siete han seguido el modelo americano y han intentado prohibirlo.

Esto da pie a situaciones paradójicas: los bancos holandeses se enfrentan a denuncias si transfieren dinero a firmas extranjeras de juego online, y Alemania, Italia y España están intentando que los proveedores de Internet bloqueen el acceso a páginas web de juego.

Que la Comisión Europea esté defendiendo el derecho de las firmas de ofrecer juego online, incluso cuando algunos países tratan de prohibirlo, plantea difíciles preguntas sobre la habilidad individual de los estados para invalidar el único mercado. Pero la Comisión parece reacia a emprender acciones legales.

Los políticos argumentan que la prohibición es la mejor manera de proteger a los consumidores vulnerables de un pasatiempo potencialmente adictivo. Pero la otra cara de la ley demuestra su hipocresía. Tanto en Norteamérica como Europa, los monopolios locales de juego online tienen permiso para ofrecer el mismo tipo de apuestas que estarían prohibidas si fueran efectuadas en webs extranjeras. Este hecho sugiere que el objetivo principal de los “gobiernos prohibitivos” es proteger los ingresos que ganan de sus monopolios de juego online (aprobados por el Estado). .

La creencia de que pueden hacerlo acosando a bancos y compañías de Internet para que impidan a las personas apostar en el extranjero parece ingenua. Los jugadores saben que pueden conseguir mayores probabilidades de ganar apostando en mercados más abiertos donde la comisión de la casa es el 35% de la apuesta. Los corredores de apuestas tradicionales o loterías pueden quedarse, como mucho, con una cuarta parte para sí mismos.

La prohibición no ha eliminado el juego online en Norteamérica: una rápida corriente de denuncias pone de manifiesto su continua popularidad. Sin embargo, ha llevado a las respetables firmas de apuestas online a orillas más amigables y ha empujado a los norteamericanos más determinados (aquellos que son los más vulnerables a los excesos del juego) a hacer sus apuestas en los trocitos más turbios de Internet.

Tratar de detener la marea es inútil. En lugar de criminalizar a los jugadores por intentar conseguir un mejor juego, a los gobiernos les iría mucho mejor si ofreciesen a los clientes y firmas de juego online un mercado seguro, legal y regulado y ganasen ingresos de los impuestos para, al mismo tiempo, ayudarles a superar sus déficits.


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