El peligro del olvido digital

Seguramente pueda usted recitar las noticias más destacadas sucedidas hoy, y también las que le llamaron la atención ayer. Pero, ¿recuerda lo que pasó la semana pasada? ¿Y hace un mes? Y no digamos ya hace un año, o más tiempo atrás…

Y es que la saturación informativa con la que convivimos en la actualidad provoca que olvidemos rápidamente lo que sucede a nuestro alrededor, puesto que unas noticias vienen a reemplazar rápidamente a otras

Ya que nuestra memoria es tan flaca, queda al menos el consuelo de los registros que conservan la información, como las páginas webs y otros soportes digitales. Pero ni siquiera éstos se libran del riesgo de convertirse en efímeros contenedores de información, amenazados también con una súbita y definitiva desaparición.

Por eso, resulta tan paradójico que, pese a vivir en una era en que la información es más abundante y fácilmente accesible que nunca, corramos el riesgo de dejar un agujero negro para las generaciones o los historiadores futuros, a los que costará encontrar material digital que deje constancia de cómo vivíamos y pensábamos a principios del siglo XXI.

Vean un ejemplo: los Juegos Olímpicos de Sydney del año 2000 fueron los primeros de la era digital de Internet. Entonces, hubo más de 150 webs dedicadas exclusivamente al evento, pero hoy día no se puede encontrar en la Red ni rastro de ellas. Sólo el archivo de la Biblioteca nacional de Australia evita su total desaparición.

Otro ejemplo más cercano lo encontramos en el reciente cambio presidencial en los Estados Unidos. A los pocos minutos de tomar posesión Barack Obama, la web oficial de la Casa Blanca eliminó todo rastro del presidente saliente. Cierto que Bush no se ha marchado precisamente en loor de multitudes, pero una cosa es la gestión que ha llevado a cabo y otra su innegable protagonismo como figura histórica.

Todo esto lo lo expone en el diario The Guardian Lynne Brindley, directora de la British Library. “Si las webs continúan desapareciendo del mismo modo que las del Presidente Bush o los Juegos de Sidney, tal vez por culpa de la crisis económica que elimina empresas, los recuerdos de la nación desaparecen también”, afirma.

El problema no es sólo de carácter empresarial o institucional, sino que afecta también a las personas. Según Brindley, muchos estamos afectados de lo que llama “desorden digital personal”. Por ejemplo, acumulamos cientos de fotografías digitales en el ordenador, pero no nos preocupamos de ordenarlas, archivarlas y conservarlas, por lo que tal vez nunca las vean nuestros hijos y nietos.

Al contrario de lo que pueda parecer, Brindley opina que empresas como Google no están recopilando la información digital, al menos a largo plazo. Esa es una tarea que corresponde a las bibliotecas, que llevan siglos recopilando libros, periódicos y otros soportes para la información y el conocimiento.

Por este motivo, la Biblioteca Británica planea crear un archivo digital que almacene el contenido de todas las webs creadas bajo el dominio .uk, actualmente alrededor de 8 millones, con un crecimiento anual en torno al 15-20%. Para evitar que se repita el caso de Sydney, también habrá un proyecto especial dedicado a Londres 2012.

Los historiadores advierten que los datos electrónicos son un legado vital que debe ser preservado. Alguien tiene que ocuparse de esa tarea.


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