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El Pentágono sigue entre la verdad y la propaganda

George Bush se comprometió a no pagar a periodistas que promuevan sus políticas.
¿Lo cumplirá? De momento, el Pentágono planea abrir nuevas webs con el argumento de proporcionar a los ciudadanos una mejor y más completa información de lo que pasa en el mundo. Pero las sospechas de que podrían convertirse fácilmente en instrumentos propagandísticos crecen como la espuma en EEUU. Hay ejemplos para desconfiar ello: esto lo patrocina el propio Pentágono.

Oficialmente, los funcionarios de Defensa dicen que se trata de contradecir las falsas informaciones sobre el país que se vierten en determinados medios. Pero lo cierto es que una circular del halcón Paul Wolfowitz habla de contratar solamente a aquellos periodistas que no desacreditarán al Gobierno ni al país.

El 11-S marcó un hito en la política informativa estadounidense. Desde ese día, los medios hicieron causa común con la patria y el Pentágono. Por eso, durante la invasión de Irak, la ciudadanía se preguntaba qué había sido del legendario cuarto poder, aquél que derribaba presidentes o sacaba a la luz los mayores escándalos de corrupción.

El Washington Post llegó a contar la historia de la consultora de medios de comunicación McVay, que remitió a sus clientes el autodenominado Manual de comportamiento en tiempos de guerra: recomendaciones de tocar el himno nacional en las redacciones todos los días a la misma hora y poner sobre el tapete temas que despertaran la sensibilidad patriótica y el sentimiento nacionalista en los primeros compases de la campaña iraquí.

Hoy, la prensa, radio y televisión siguen siendo en demasiadas ocasiones juguetitos en manos de colosos financieros como Viacom, News Corp., AOL, Time Warner, Bertelsmann, Disney o Microsoft, que utilizan las fuentes de información como un medio de difundir la propaganda que le interesa al Gobierno.


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