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El plan de banda ancha de Estados Unidos: una nación conectada

Pese a lo que podríamos pensar, Estados Unidos, capital del mundo y rico entre los ricos, tiene unos índices de penetración de banda ancha y una brecha digital que no son precisamente envidiables. Por ejemplo, está decimoquinto en la lista de penetración de conexiones de banda ancha, con un inesperado 26 por ciento. La velocidad más alta que se alcanza en EEUU es la misma que en España, Noruega, Dinamarca y Alemania (50 megabits por segundo). Guardemos un segundo de abrumado respeto ante los 1.000 Mbps de Japón. Las cifras de precios son similares. Hay once países que cobran menos por las conexiones lentas, y diez (incluyendo a España) que tienen conexiones rápidas más baratas. No es un resumen espectacular, precisamente. Para resolver todo esto, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), que regula las telecomunicaciones en el país, presentó la semana pasada su flamante Plan de Banda Ancha, que pretende actualizar el sistema y darle un poco más de dignidad. Objetivos Uno de sus principales objetivos es, sencillamente, llevar banda ancha a 100 millones de personas que ahora no la tienen. Esta frase tan sencilla implica un proyecto considerable, porque muchos de esos potenciales internautas viven en zonas rurales donde sólo tienen acceso a Internet lento (o ni eso), en un país con enormes distancias, una población de 307 millones de personas y muchas desigualdades sociales. La geografía y la distribución demográfica obligan a que parte de esas futuras conexiones tengan que ser sin cables. El plan pretende también garantizar que habrá conexiones de 1 gigabyte por segundo en colegios, bibliotecas y edificios del Gobierno, y crear una red de comunicación de seguridad pública, para los servicios de emergencia. La FCC ha incluido entre sus objetivos dos aspectos más \”ajenos\”, la eficiencia energética y el sistema de salud, que pretenden centralizar sus sistemas. El presupuesto En total, el plan costaría unos 350.000 millones de dólares, con la que está cayendo. Obama lo ha comparado con grandes obras de infraestructura como la construcción del ferrocarril, y ha dicho que la conexión es un derecho, lo que quizá facilite el desembolso. Sin embargo, tendrá que competir con la recién aprobada reforma sanitaria, que tiene su propia cuenta de presupuesto. Precisamente la financiación sigue siendo uno de los enigmas, porque no está claro cuánto va a salir de las arcas del Estado y cuánto de las empresas, aunque se espera que éstas corran con la mayor parte del gasto. Pagar la red de emergencias le correspondería al Gobierno, para la que habría que poner entre 12.000 y 16.000 millones de dólares en los próximos 10 años. Críticas En general, el plan ha sido recibido con cautela por la prensa especializada, y aunque en general las reacciones son positivas, sí se han señalado los posibles peligros o complicaciones. Muchas de las críticas giran en torno a la seguridad, señalando que aunque conectar a todo el mundo no sólo es bueno sino necesario, lograrlo sería el equivalente a llenar las carreteras de conductores inexpertos, si bien la FCC contempla la creación de un grupo encargado de educar y formar a la población. También se ha puesto en cuestión la seguridad que tendrían las enormes redes de control energético y sanitario, que contendrán información personal tan valiosa como el consumo de luz y el historial médico de los usuarios. Por su parte, la revista Wired dio la bienvenida al plan definiéndolo como \”Ambicioso pero pragmático\”, más que revolucionario, y señaló que por mucho objetivo que marque, el texto viene con pocas políticas concretas. Lo primero que hizo la página Ars Technica en en su análisis inicialsobre el plan fue reírse un poco de la cita de Shakespeare que encabeza el proyecto. Ellos consideraban que los objetivos eran de buenos a moderados, y se unieron a la otra gran crítica del plan: la competencia. La inmensa mayoría de los estadounidenses sólo tiene acceso a un proveedor de Internet, una situación que desde luego no invita a las guerras de precios, y que según los críticos, el nuevo plan no resuelve con ninguna medida concreta, aunque fomentar la competencia sea su primer objetivo. Y de hecho, vistas las gráficas y los datos, es de plantearse si ese panorama tan descorazonador en lo que a banda ancha se refiere no se debe precisamente a que las operadoras se han dormido en los laureles sin competir entre sí más que lo estrictamente necesario. De momento, las empresas de telecomunicaciones ya han dicho que el plan está poco detallado y que puede ponerles más trabas que ayudas.


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