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El poder de una comunidad: la revuelta de los usuarios de Digg

Digg.com acaba de estrenar nueva versión, en un intento por recuperar el protagonismo perdido en el escenario 2.0.

Y es que cada vez son más los usuarios que optan por las redes sociales (sobre todo Facebook y Twitter) si quieren descubrir cosas nuevas o compartir algo con sus conocidos, lo que deja a uno de los pioneros de la “Internet social” en una posición un tanto marginal.

Así que en teoría el cambio de imagen -con cambio de CEO incluido-, la nueva estructura de la web y la nueva forma de interactuar con la página deberían traducirse en un aumento en la actividad, o por lo menos, un frenazo en la caída del tráfico.

Y sin embargo, no parece ser ese el efecto conseguido.

¿Qué es lo que ha pasado? Sencillamente, que a los usuarios no les han gustado las novedades. Sobre todo se han quejado de que con el nuevo diseño, los grandes editores tienen más posibilidades de llevar a portada sus historias.

Tampoco les ha gustado que “su web” intente un acercamiento a Twitter y Facebook, tanto por el aspecto visual (esos azules pálidos que recuerdan a Facebook) como por la incorporación de funciones como las sugerencias para seguir a otros usuarios, y la desaparición de otras opciones clásicas.

Y claro, ¿que pasa cuando se introducen cambios en una web donde los usuarios tienen buena parte del control de lo que pasa? Pues que si no les gustan los cambios, pueden rebelarse, y eso es lo que ha sucedido en Digg.

Los primeros días tras el estreno de la versión 4, la página principal de Digg estuvo copada por las noticias de su rival Reddit.com (a la que pilló de sorpresa el súbito aumento de tráfico), ya que los usuarios se confabularon para votarlas masivamente y llevarlas a la portada. Incluso promovieron artículos en los que se criticaba el nuevo Digg.

La protesta ya se ha disipado un tanto (aunque aún abundan las noticias de Reddit), especialmente después de que Kevin Rose (el fundador de Digg) confirmara que no habrá marcha atrás en el rediseño.

Aunque también la compañía ha tenido cintura para rectificar, e incluir alguas demandas de los usuarios que había dejado fuera del rediseño, principalmente la modificación del algoritmo para que nadie tenga demasiado control sobre la página de inicio, o volver a colocar una pestaña con las historias pendientes de votación.

¿Es todo una pataleta de unos usuarios demasiado acostumbrados a tener la sartén por el mango? ¿El rediseño oculta intereses comerciales, más allá del propio beneficio de la comunidad? Tal vez. No es este el primer caso de revuelta popular, aunque sí el más sonoro y el que llega en el momento más delicado, ante la imparable competencia de Twitter como gran recomendador social.


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