El problema de llevarse las contraseñas a la tumba

Los datos de la gente están cada vez menos offline y más en la Red, el correo electrónico y otros dispositivos, lo cual a veces acarrea problemas. Por ejemplo, cuando una persona muere y sus deudos no pueden notificar la noticia a amigos y familiares… Porque toda la agenda de direcciones del finado está encriptada.

Publicadas las 25 peores contraseñas de 2015.

El problema es de difícil solución, porque naturalmente nadie está dispuesto a compartir sus contraseñas. Se plantean incluso problemas jurídicos: ya hay muchos abogados que preguntan a sus clientes a quién quieren permitir el acceso a sus ordenadores cuando fallezcan.

Desde luego, el asunto plantea todo un dilema a los proveedores de correo electrónico. El año pasado, Yahoo fue obligado a proporcionar el e-mail de un estadounidense muerto en Irak a su padre.

Fuentes de Yahoo aseguran que, cuando un usuario se abre una cuenta de correo con ellos, el compromiso que establecen es el de que sus comunicaciones serán consideradas privadas y sus mensajes, confidenciales.

Google proporciona el acceso a la cuenta de un usuario de Gmail que fallezca si la persona que lo busca entrega una copia del certificado de defunción y otra del documento judicial que la autoriza. America Online sigue la misma política.

De todos modos, también es numerosa la gente que opta por decir sus contraseñas a algún familiar o amigo, con objeto de evitar estos líos en el futuro. Porque, además, una última voluntad en el PC no sirve de nada: el documento debe ser imprimido, firmado y atestiguado.


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