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El sexo y la Web 2.0 (I)

Cuando buena parte de la industria estaba convencida de que la Red no sería capaz de alumbrar un nuevo fenómeno, más aún tras la debacle que supuso el estallido de la burbuja de Internet, ha surgido un nuevo concepto: la Web 2.0.

Un nuevo elemento susceptible de codicia para las empresas, que no sólo ha trastocado los pilares de los planteamientos más conservadores, aquel donde existía un canal unidireccional de emisión de contenidos (un webmaster era el único emisor, y los usuarios no interaccionaban, no aportaban más que su papel como abonados pasivos), sino que ni siquiera los más audaces sospechaban la repercusión que supondría este nuevo término. Las grandes multinacionales no han tardado en percatarse de los beneficios que puede representar para sus propias organizaciones y han tratado de trasladar la experiencia a sus microcosmos de Internet, esto es, sus intranets, con resultados muy dispares.

¿Qué se esconde tras este nuevo término? A decir verdad, se ha escrito mucho al respecto y la inmensa mayoría de las teorías sitúan al internauta en el centro de la tendencia. El usuario se ha convertido en el epicentro de las nuevas estrategias de Internet, en una doble vertiente: por un lado, como usuario del contenido y servicios que se prestan a golpe de ratón y, por otro, como generador de esa misma información.

Este poder en manos del usuario puede provocar resquemor a quien no sepa adaptar sus contenidos a la 2.0, pero el atacar a los usuarios por motivos de copyright es algo que jamás hay que hacer: el usuario es el dueño y señor de los contenidos. Siempre tiene razón, y en todo caso se le debe educar, pero nunca perseguir.

El internauta se ha hartado de únicamente leer, de limitarse a consumir, y ahora quiere producir. Por fin muchos se han dado cuenta de que Internet es un nuevo canal, una nueva plataforma multidireccional sobre la que trabajar, no un producto en sí mismo, como erróneamente se pensó en un principio. En este sentido, Internet se ha convertido en un espacio privilegiado para el usuario, puesto que éste se ha dotado de un poder con el que jamás pudo siquiera soñar en otros soportes, como es el papel, la radio o la televisión.

En esos tres medios, la empresa o el medio es quien moldea la oferta, quien genera necesidad al consumidor; éste la acepta y en muchos casos la multiplica. La industria de Internet, en cambio, está más que nunca a merced del usuario, puesto que éste ha cogido las riendas de la Red y las usa como si se tratara de unas rotativas o un plató de televisión, disponible para complacer sus deseos. Es la gran ventaja de la Red: poder ser partícipe y actor principal, el causante de los impactos directos de atención en otros usuarios.

Pero, ¿cómo comenzó este fenómeno? ¿Con qué tipo de contenido o servicios? YouTube, tal vez el fenómeno más importante y sexta página más vista por los internautas españoles; MySpace, espacio de decenas de millones de usuarios y espejo público de nuevos ídolos, donde en algunos casos los fans o lectores de un determinado espacio se pueden llegar a contar por encima del millón; Flickr, el gran álbum de fotos de toda una comunidad de internautas y situado en el puesto 15 como lo más visto por los españoles, justo por encima del más famoso buscador de empleo hispano; o Wikipedia, la gran enciclopedia cuya versión española es el noveno contenido más visto por los españoles; son sólo algunos de los ejemplos que siempre se utilizan para ilustrar la revolución de la Web 2.0.

(Continúa)


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