El sexo y la Web 2.0 (y II)

(Viene de la primera parte)

Siempre se ha dicho que la industria del ocio para adultos es puntera y, de hecho, así fue con la guerra de formatos de vídeos VHS y Betacam en los años 80, los DVD en los 90 e Internet en nuestra década. Sin embargo, en la actualidad el sexo no es el máximo responsable de los cambios, ni es 100% puntera: si bien es verdad que en los móviles multimedia está muy presente y con mucho futuro, no es menos cierto que han sido los tonos y melodías los que han abierto un fuego que ahora sí terminará de rematar el sexo con el vídeo en los móviles (ahora en microclips de 1 y 2 minutos), donde mejora la calidad de imagen por momentos.

En EEUU, los magnates del porno consideran al P2P una rémora, y en parte tienen razón, ya que esto viene de una relación del 2.0 que no se lleva tan bien con el sexo como en la 1.0. El material porno ahora tiene una distribución nada desdeñable por P2P, lo que supone un cambio de concepto en las vías de distribución. La Web 2.0 tiene unas connotaciones políticamente más correctas, aunque impulsada por los propios usuarios. Los contenidos light tienen un ingente número de usuarios, creando ídolos e impulsando plataformas como MySpace, Flickr, Second Life, etc.

A pesar de este ligero letargo innovador, el sexo está más presente que nunca en todos los formatos, estando disponible por múltiples vías (programas de porno gratis en TV, revistas, DVD, millones de webs, etc). Es prácticamente omnipresente, por lo que es posible que sólo participe en parte en la guerra de formatos actual (Blu-Ray vs HD-DVD); en el caso de no disponer de porno en uno de los formatos, existen tantas posibilidades de acceso a contenido adulto que en realidad el formato ya no es un factor primordial.

Sin embargo, esa ampliación de cobertura mediática también ha sido determinante a la hora de posicionar al porno en el fenómeno Web 2.0, manifestándose cierto alejamiento. De hecho, no hay blogs dedicados al porno y el sexo entre el Top100 español, donde destacan claramente los temas sobre política y tecnología. Podríamos decir que sólo PornoTube tiene éxito como ejemplo directo de porno 2.0, habiéndose convertido en el refugio de muchos micro-creadores de contenido (actores y actrices liberados de las productoras), productoras con prácticas agresivas que se sirven de PornoTube como escaparate para sus productos en el afán de regalar el contenido para seducir a potenciales consumidores, etc.

¿Qué ha sucedido realmente? ¿Acaso una industria tan innovadora como la del sexo ha perdido este tren? No, simplemente, el sexo se ha suavizado y así llega más lejos en la sociedad 2.0. Se ha dulcificado y hay varios casos de ídolos en MySpace con más de un millón de fans apuntados, espacios donde MySpace no permite porno y, de hecho, estas chicas jamás aparecen desnudas, aunque lo hacen con unas maneras muy parecidas a las de las actrices porno profesionales, etc.

El sexo sí le ha seguido el paso a la nueva ola, pero también es preciso contar con los indicadores adecuados; no basta con analizar el porcentaje de visitas en sitios porno, hay que ir más allá. Ya no sólo se trata de contemplar el volumen de correo electrónico ligado a contenido erótico o sexual –que también-, sino además incluir las pesquisas que se realizan en los buscadores anhelando placeres carnales, el comercio electrónico dirigido a unas tiendas eróticas cada vez más boyantes y, con un ritmo de crecimiento exponencial, la expansión de las redes sociales que multiplican las posibilidades de contactos.

En suma, podemos hablar de Sexo 2.0 en todos sus frentes, y los usuarios no han tardado en percatarse de ello actuando como auténtica catapulta del fenómeno.


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