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El siglo del ¿periodismo? ciudadano

En el Mundo Anterior a Internet, el periodismo fue unidireccional; los medios lanzaban sus informaciones a través de la pantalla, las ondas o la tinta impresa para que los usuarios la consumieran.

No había diálogo ni interactividad algunas, pero sí ciertos factores muy importantes: profesionalidad, profundidad, análisis…

La Red y la explosión de la prensa gratuita en todo el mundo han venido a trastocar este estado de cosas. Fenómenos como los blogs, los foros, las páginas personales y las crecientes secciones dirigidas a la participación del público han hecho que emisor y receptor se relacionen íntimamente. Más aún; hoy, emisor y receptor son ya la misma cosa: el público.

En la Economía de la Atención, en la era del consumismo light, el factor tiempo ha pasado a ser un activo de capital relevancia. No tenemos tiempo, y no lo tenemos curiosamente en la época en que la humanidad disfruta de la más ingente avalancha de información jamás vista.

¿Información? Algunas voces destacadas, como la de Umberto Eco, han puesto el grito en el cielo acusando a la Red de fomentar el volumen de información insustancial; de relativizar prácticamente cualquier cuestión.

Mucho nos tememos que el auge del periodismo participativo no sea más que la nueva estrategia de negocio de las compañías editoras: el público les proporciona vídeos, fotos, noticias, a cambio de nada: ni una propinilla. Una manera de aligerar las redacciones poblándolas de becarios robotizados y ahorrar dinero en sueldos, llenando al mismo tiempo de contenidos sus páginas. Lamentablemente, el copia y pega es práctica común ya en muchos medios de comunicación -y no todos de Internet-.

Amateurismo

La mayoría de los profesionales relacionados con Internet aplaude este momento histórico. No estamos de acuerdo; ¿usted, lector de estas páginas, actúa como fontanero improvisado cuando se lo pide su vecino? ¿O hace de apicultor sin tener ni idea de esta actividad porque se lo solicite una compañía? ¿Le saca las muelas del juicio a su hermana poniendo voluntad y buenas maneras, sí, pero ni un ápice de conocimientos?

Pues esto mismo, amigos, es lo que está sucediendo con buena parte del periodismo por mor del auge de lo digital: convertido en un producto de consumo rápido más, como las hamburguesas o las bermudas de temporada.

Los defensores de la democracia electrónica enseguida alegan que ya no se expiden carnés de periodistas, que las facultades de ciencias de la información no sirven para nada, que escribir lo hace cualquiera…

Indudablemente escribir lo hace cualquiera. Ahora bien, con un mínimo de rigor, conocimientos y profundidad, no. Se equivocan quienes creen que Internet acabará con los periódicos de toda la vida, con la radio, con la TV; cuando nació ésta, o la radio, a los diarios no les quedó más remedio que renovarse o morir, y entonces optaron, frente a la inmediatez de las ondas y de la pantalla televisiva, por ofrecer análisis, reportajes en profundidad, amplias entrevistas…

En definitiva, valor añadido. Lo que sí es cierto es que la prensa clásica atraviesa por una notable crisis que la obligará a replantearse de cabo a rabo su modelo de negocio.

El señor P., vendedor de seguros, puede hacer una breve crónica de un partido de fútbol y remitirla a los medios de comunicación. Más o menos será algo así: “El equipo A venció al B, fue un gran partido con mucha emoción y los dos equipos jugaron muy bien…” Etc. ¿Alguien se conforma con esto?
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