El sueño del blogger

La historia de David Hauslaib podría encarnar el sueño (confeso o no, admitido o no) de todo blogger: que te lean. Y no nos referimos sólo a familiares y amigos: que te lean miles de personas, a las que no conoces y a las que probablemente, antes de la aparición de los blogs, nunca imaginaste que llegarían un día a leer algo escrito por ti. Y además, que te lean sin importar la mucha o poca trascendencia de aquello que escribes. Simplemente, lo escribes porque te apetece, y miles de personas lo leen. Así de fácil. Así de complejo.
A David le preocupaba un asunto tan peregrino como el de indagar acerca de los compañeros de cama de Paris Hilton, ese peculiar personaje del glam-pop norteamericano, mezcla de heredera multimillonaria y protagonista de Porky’s. Nada mejor entonces que reunir toda la información posible sobre su particular obsesión en un blog, y hete aquí que por caprichoso designio de la blogosfera, de la noche a la mañana su página se convierte en enormemente popular.
La blogosfera es acusada a menudo de poseer un carácter oligárquico: un reducido grupo de blogs, apenas la punta del iceberg, conforma una elite que acapara los nichos temáticos más atractivos; un círculo cerrado en el que es difícil ingresar, y que se reparte el bacalao de las visitas y las primeras posiciones en rankings y buscadores. Ello se explica por la acción de una especie de fuerza gravitatoria autorreafirmante que tiende a la concentración, fenómeno científicamente derivado del Principio de Pareto y denominado homeostasis, y que vulgarmente explicaríamos por un “¿Dónde va Vicente? Pues donde va la gente”. Sin olvidar que en este contexto tienen gran importancia los early-adopters: el primero en llegar, juega con ventaja sobre el resto.
La clave entonces está en cómo destacar de la masa, salir del pelotón de anónimos, entrar en el reducido grupo de selectos bloggers que gozan de la preciada atención de los lectores. ¿Cómo se logra esto? Lean la historia completa de David Hauslaib y encontrarán algunas claves. Les adelantamos algunos ingredientes: constancia, determinación, perseverancia, buenos contactos (no sólo de buenos contenidos vive un blog: a veces un enlace valioso hace mucho más que un ingenioso post) y… suerte. Más.


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