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El vaso, ¿medio lleno o medio vacío?

Las definiciones sobre la Sociedad de la Información son variadas. En el caso del reciente estudio hecho público y patrocinado por Telefónica sobre la Sociedad de la Información en España, la definición hace hincapié en la capacidad ilimitada de los entes sociales para obtener y compartir información.

El estudio se estructura en dos partes principales. La primera de ellas da un repaso a los cuatro elementos básicos que ayudan a delimitar la Sociedad de la Información: usuarios, infraestructuras, contenidos y entorno. La segunda recoge la opinión de algunos de los principales profesionales y expertos en la materia.

Las conclusiones de la primera parte dibujan la foto de un país, España, en el que el grado de digitalización camina parejo de su desarrollo económico, con importantes esfuerzos institucionales y privados que sin embargo no consiguen sacarlo todavía de la medianía. El futuro parece espléndido, pero continúa estando lejos.

Los usuarios, todavía pocos pero valientes

Sin ellos (ciudadanos, empresas y administraciones públicas), la Red sería tan sólo un conjunto de cables y servidores. El término sirve para agrupar a todos los que hacen uso de los contenidos así como de servicios tales como el chat o el correo electrónico.

En mayo de 2001, el número de usuarios individuales en España alcanzaba ya los 7.079.000, es decir, un 20,3% de la población mayor de 14 años y un 13,7% de la población total. Tan sólo durante el año 2000, un 7,6% de la población española mayor de 14 años se subió al carro de la Red. Sin embargo, las cifras nos sitúan todavía por debajo de la media europea (un 25% de la población conectada), lo que supone, en términos de tiempo y según el estudio, un año y medio de retraso con respecto a los principales países europeos.

Uno de los parámetros que mejor ejemplifican este atraso es el del número de hogares conectados. En España la cifra no supera el 10%, lo que nos sitúa como los terceros por la cola por delante sólo de Grecia y Portugal, según datos del Observatorio Europeo de las Tecnologías de la Información (EITO). Además, el reparto autonómico es muy desigual –el estudio menciona que tiende a serlo todavía más–, con Cataluña, La Rioja y Madrid como comunidades más \”conectadas\”.

El internauta español, que se conecta mayoritariamente desde casa (55%), es varón (61%, cifra que coincide con los últimos datos de Nielsen/Net Ratings), joven (30,7 años de media), urbano y disfruta de un nivel socioeconómico medio. Además, es muy activo, tanto que se conecta más días y durante más horas que la mayoría de sus conciudadanos europeos, siendo, en una comparativa que incluye a EEUU, los más aficionados al chat y los segundos en relación con la mensajería instantánea. En cuanto al comercio electrónico, los españoles vuelven a situarse los cuartos por la cola de Europa (apenas el 15% de los navegantes compra algo por la Red), si bien los pocos que se animan a desempolvar su tarjeta de crédito se confiesan irreductibles y amantes de lo hispánico: el 80% compra sólo en empresas españolas.

Por lo que respecta a las empresas, el estudio también demuestra una progresión gradual de la conectividad, si bien Internet se utiliza sobre todo con fines publicitarios y no como canal de venta. Con 64 PCs por cada 100 empleados, las empresas españolas se sitúan a sólo tres de la media europea. El 64,5% de las empresas ya tiene acceso a Internet y un 24% website propio, mientras que tan sólo un 3,2% se dedica a actividades de comercio electrónico. Entre las razones aducidas por los empresarios para mantenerse a una distancia prudente de la venta electrónica destacan la inadecuación de sus productos al nuevo medio, la falta de necesidad y el pequeño tamaño de la empresa.

El estudio reflexiona sobre otra de las grandes transformaciones de la Sociedad de la Información en el terreno laboral, el teletrabajo, para llegar a conclusiones poco favorables hacia los empresarios españoles. La tasa de teletrabajadores –con datos de 1999, los últimos disponibles– no supera el 3%, y se sitúa muy por debajo de la del resto de países europeos. Pero es que además las estadísticas no muestran ninguna inclinación de los directivos españoles (el 60,8% no manifiesta interés alguno acerca de esta forma de trabajo) por que la cosa cambie. Empleados sí, pero cerca y atados a la pata de la mesa.

El último gran grupo de usuarios son las Administraciones Públicas, que poco a poco van situándose a la altura del sector privado. El número de terminales (aunque habría que preguntarse: ¿qué tipo de terminales?) por cada cien empleados no cesa de aumentar y ya se acerca a 50. La administración pública camina por la vía de la digitalización, y aunque no destaca por su generalidad, sí lo hace en algún caso puntual como la Agencia Tributaria. El gobierno deposita toda su esperanza en el Plan de Acción InfoXXI, aprobado a finales de 1999 y que tiene entre sus principales objetivos el desarrollo de una Administración Electrónica eficiente.

Infraestructuras: ¿cuándo una banda ancha para todos?

El usuario quedaría a la intemperie, lejos del contenido, sin ayuda de un puente que uniera a ambos. Este papel lo asumen las infraestructuras, que el informe clasifica en terminales, servidores y redes. Los terminales (multimedia e interactivos, según el estudio) estrella de la actualidad son el PC, el teléfono móvil y la televisión digital.

Los españoles parecen tenerle cierta aversión al PC y, con 14,3 unidades por cada 100 habitantes, caminan en la retaguardia europea, aunque creciendo a un ritmo más elevado, lo que todavía confiere alguna esperanza. Este rechazo al PC puede tener origen en el precio. Aunque los nuevos PCs con cada vez más potentes y ofrecen más prestaciones, su precio de venta es prácticamente el mismo, lo que desanima a los compradores más reacios.

En España la palma se la lleva el teléfono móvil, que en mayo de 2001 ya tenía 25,8 millones de usuarios, lo que sitúa a este mercado como el quinto en importancia dentro de la Unión Europea. Las redes GSM, con capacidad limitada de transmisión de datos, darán paso a GPRS y, en última instancia, a UMTS, esa niña bonita por todos esperada y que nunca termina de llegar. Actualmente, ya hay en el mercado un millón de teléfonos WAP (un protocolo de transmisión de datos) y a partir del año que viene irá instalado en todas las unidades a la venta.

El tercero en liza, pero gran promesa, es el televisor, que cuenta con la gran ventaja de su alta penetración, un 99,5% de los hogares. Hoy en día ya hay más de dos millones abonados a las tres plataformas principales (Canal Satélite Digital, Vía Digital y Quiero TV), cifra que se estima crezca hasta 6,5 millones en 2005. Las televisiones digitales, con ayuda de los nuevos descodificadores, que dispondrán de mayor capacidad de procesamiento y de almacenamiento de datos, permitirán ahondar en la interactividad y la personalización del contenido y los servicios, integrando las prestaciones del medio audiovisual con las de Internet.

Las redes (las infraestructuras que conectan terminales y contenidos), siguen estructurándose alrededor de la telefonía básica, que comienza a tocar techo por el empuje del móvil. Esto condena a la mayor parte de la población a una velocidad de transmisión de datos muy limitada. Hoy en día, tan sólo unos pocos disfrutan de RDSI (una tecnología ya obsoleta), ADSL o cable. El informe, que no hay que olvidar está patrocinado por Telefónica, señala que la ADSL (cuya capacidad de transmisión máxima, 2 Mbits/s, está hoy en día lejos del alcance del bolsillo individual) se irá imponiendo progresivamente como tecnología de banda ancha. Hasta 2001, la instalación de módems de cable se imponía a la de módems ADSL. A partir de este año, sin embargo, será la ADSL quien camine uno o varios pasos por delante. En 2002 habrá 7,5 millones de europeos con ADSL, 26 millones tan sólo dos años después.

El estudio predice un fuerte crecimiento de las redes móviles, a medida que el desarrollo tecnológico permita mejorar sus prestaciones. Tanto es así que se espera que en 2005 casi la totalidad de la población (37,6 millones de personas) disponga de una línea móvil con capacidad multimedia.

Para los responsables del informe, los costes de acceso a la Red para el hogar español son bajos, si no ridículos (algo que debe inducir a la risa o al enojo a todo titular de una línea de teléfono). La tabla comparativa que utilizan para el estudio (con datos de la OCDE) toma como factor de comparación el coste de acceso a Internet por línea telefónica fuera del horario punta, con descuentos y por una duración de 30 horas. España, según eso, se sitúa como el tercer país más barato de los 31 estudiados. El que quiere, está visto, barre para casa. En horario punta, la misma comparación sitúa a España en mitad de la tabla, ligeramente por encima de la media de la OCDE y por debajo de la media de la Unión Europea.

Los que además tienen tarifa plana (y pueden usarla, y además bien, cabría decir), también pueden dar palmas con las orejas. Sólo dos países (EEUU y Reino Unido), por lo que parece, disfrutan de costes de acceso a la Red inferiores.

El bajo número de servidores (soporte físico de los contenidos), muy inferior al de la media de los países de la OECD, parece explicarse por el bajo número de contenidos en Español. Pese a ello, el mercado crece por encima del 10% anual, tendencia que se mantendrá durante los próximos dos años.

Al rico contenido

La sociedad de la Información no sería nada sin la última palabra que lleva su nombre, la información, que vaga libre en el ciberespacio. Para tratar de acotar su tamaño, algo bien complicado como saben todos los expertos, los responsables del informe se fijan en el número de hosts (ordenadores que sirven páginas web). En enero de 2001, según datos del Internet Software Consortium, había en el mundo 100 millones de hosts; a finales de mayo, ya eran 122 millones.

Eso sitúa a España, con 663.500 hosts con dominio \”.es\” a comienzos de año, en el puesto vigésimo de la lista de países con más hosts de la Red. Sumando otros tantos miles, correspondientes a los otros dominios de alto nivel de empresas locales, España acumula el 0,65% del total, por debajo de su importancia en función del número de navegantes (1,7% del total mundial), lo que le convierte en un demandante y no en un proveedor de contenido.

Si hacemos extensible la comparación al total del mundo hispanoablante, el resultado es sensiblemente mejor, como demuestra un estudio de Funredes. Así, la proporción de páginas en español (4,85%) es prácticamente similar a la de a la de navegantes con esta lengua materna (4.90%).

Las direcciones más visitadas por los españoles son los portales y los nodos de servicios y corporativos. En cuanto a los tipos de contenidos, y además del aportado por los portales generalistas, sobresalen los de información y los de contenido financiero.

Dada la importancia de los nodos corporativos, el estudio también destaca las cifras de comercio electrónico B2C proporcionadas en el mes de abril por la Asociación Española de Comercio Electrónico. Según ésta, en 2000 se vendieron bienes por Internet por valor de 34.000 millones de pesetas (unos 180,3 millones de dólares), más del doble que el año anterior, en el que hubo que contentarse con 12.000 millones (unos 63,6 millones de dólares). El sector que se lleva la mayor parte del pastel es el de viajes y turístico, que representa el 45% del total. También se aportan las más que discutibles cifras del volumen del B2B proporcionadas por la misma asociación.

El entorno: la España del sol y la tortilla de patata

El estudio también analiza, de forma no exhaustiva, alguno de los factores que influyen sobre o son influidos directamente por el desarrollo de la Sociedad de la Información.

A este respecto se enuncia algo que pudiera parecer lógico. A mayor poderío económico (entendido en términos de PIB/habitante), mayor nivel de desarrollo de la Sociedad de la Información (este último medido en función de tres variables: líneas fijas y PCs por cada 100 habitantes, y usuarios de Internet por cada 10.000 habitantes). Sin dinero, no hay lugar a la Sociedad de la Información.

De esto parecen ser conscientes tanto las instituciones europeas como las gubernamentales (iniciativa eEuropa 2002 y Plan InfoXXI), que elaboran planes con una ambiciosa asignación de recursos. La labor de otro de los tres poderes del estado, el legislativo, también puede impulsar o ralentizar el desarrollo de la Sociedad de la Información.

La progresiva transformación económica y tecnológica tiene una repercusión evidente sobre el empleo. A finales de 2000, las estimaciones sobre la importancia del sector de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) hablaban de un 5,1% del PIB (SEDISI lo cifra sólo en el 2,25%) y un 1,3% del total de la población ocupada. Tal es la tasa de crecimiento del sector que no existe una oferta laboral suficiente para hacer frente a las necesidades de la Administración y el sector privado. En diciembre de 2000 la EITO establecía un desfase de más de 67.000 empleados, mientras que SEDISI lo calculaba cercano a los 100.000.

Por último, el informe indica la posibilidad de que el avance o retraso de la Sociedad de la Información también se deba a factores culturales. Lamentablemente, las hipótesis suministradas se basan en las conclusiones poco científicas aventuradas por consultora Forrester durante el verano de 2000. Podrá haberlos, pero el buen sol del Mediterráneo como explicación al retraso del sur de Europa en materia de tecnologías de la información no parece la hipótesis más plausible.


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