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El Vaticano teme el espionaje electrónico

El Vaticano teme que, durante el cónclave de la próxima semana en el que se elegirá al sucesor de Juan Pablo II, especialistas en espionaje informático, virus y micrófonos ultrasensibles atraviesen las gruesas paredes de la Santa Sede. El encuentro, secreto, está rodeado de excepcionales medidas de seguridad sobre las que, sin embargo, hay un mutismo absoluto por parte de los responsables de implantarlas.

El propio Juan Pablo II ya se encargó, hace nueve años, de fijar normas para proteger a los cardenales de las denominadas amenazas contra su independencia de criterio. Así, para los cónclaves se prohibieron los móviles, agendas electrónicas, grabadoras, cámaras televisivas, móviles radiales y, por supuesto, la presencia de periodistas. El objetivo, preservar el secreto de las deliberaciones.

Pero hay más motivos de preocupación para el Vaticano: por ejemplo, que no se realicen escuchas con micrófonos de ultimísima generación colocados en la azotea. De hecho, hay micrófonos láser que pueden captar conversaciones desde 400 metros a la redonda, registrando las vibraciones sobre el vidrio de las ventanas u otras superficies sólidas -la Capilla Sixtina tiene ventanas cerca del techo-. Sin embargo, es relativamente fácil desactivar dichos micrófonos usando lienzos gruesos y tapando las conversaciones con ruido ambiental.

Lo más difícil será evitar posibles micrófonos, transmisores o grabadoras del tamaño de una moneda que pudieran introducirse en la Capilla. De todos modos, los especialistas en seguridad de la Santa Sede no temen tanto a la tecnología como al espía tradicional, físico, el de toda la vida, que ya podría/n incluso estar en Ciudad del Vaticano. ¿Motivos? Un espía podría tener un dispositivo electrónico para mandar mensajes o hacer señales a personas situadas fuera del Vaticano por medio de un código de colores u otros métodos.

\”¿Cachearán a todos los cardenales para ver si a alguno le colocan un micrófono invisible en las gafas o el crucifijo?\”, se preguntó Giles Ebbut, experto en vigilancia y seguridad de la consultora Jane´s, en Londres. \”Porque la imaginación no tiene límites\”, concluyó.


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