BAQUIA

Elogio de la hiperactividad

Llamo la atención a mis lectores sobre el nombre de esta nueva sección:\” hiperactivo!\”, así, con una exclamación al final. Como Yahoo!, dicen mis amigos, y no puedo evitar escuchar un ligero matiz de excitación, de contento, aunque sé muy bien que están pronunciando el signo de exclamación, porque no saben que en los logotipos comerciales los signos de exclamación son mudos. Pero sí, tengo una sección, y un URL (hiperactivo.com, sin exclamación, porque a la parte técnica y literal de la internet, que es más bien protocolaria, las sorpresas no le gustan nada de nada).

El nacimiento de un columnista

Cuando le propuse esta sección a Pepe Cervera, a la sazón todavía director de Baquía.com, pareció dispuesto a publicarme todas las semanas, con la condición de que mi primera entrega explicara el propósito de los artículos y, sobre todo, su nombre. No fueran a pensar los lectores que hiperactivo! tratara de una de esas personas que, sin motivo aparente, se ponen a limpiar el baño a las cuatro de la mañana, escuchando música brasileña y comiendo galletas de chocolate con mucho cuidado de no mancharlas con Vim Clórex Verde. Pues aquí están la explicación, la justificación y el motivo de una serie de artículos, más o menos semanales, sobre la economía de la atención, principalmente enfocada al mundo digital.

Y la pregunta del millón: ¿Por qué \”hiperactivo!\”?

  1. Los dominios interactivo.com, interactivo.net e interactivo.org ya estaban pillados. Es una historia larga de contar, y este artículo no es ocasión de hacerlo.

  2. Un resumen histórico: durante el año 1998 publiqué una lista de correo distribución semanal, en la que relacionaba varios enlaces encontrados durante la semana, con teorías sobre el diseño y edición de videojuegos, la tipografía recreativa, el trabajo en el trabajo, el software libre o todo lo demás que me pasaba, bien por la cabeza, bien por encima de la mesa. Cuando me propuse organizar esa lista en un weblog y quise reservar un dominio, al estar ocupados los tres \”interactivo\”, pensé que \”hiperactivo\” era casi más apropiado, por razones que sin duda a ustedes no se les escapan.

  3. Unas cuantas razones para ser hiperactivo!, por si se les escapaban: \”hiperactivo\” parece una palabra surgida de una catástrofe ferroviaria entre el rápido \”interactivo\” y el expreso \”Hipermedios\”. Estas palabras están ya tan usadas que han perdido su significado a fuerza de cambiarles piezas, como el cuchillo que, tras cambiarle el mango y ponerle una hoja nueva, seguía siendo un cuchillo pero había perdido el alma.

    Además, \”hiperactivo\” es una forma ideal de usar lo que sobra de esos términos gastados tras fabricar la palabra \”intermedios\”, que son unos espacios de programación interesantísimos y llenos de publicidad, que se interrumpen periódicamente para poner fragmentos de películas. Y digo yo, ¿si al menos pusieran películas enteras? ¡Pero no, interrumpen los intermedio para poner fragmentos de películas!. Así que me quedo con los intermedios, donde los anuncios -aun en su estilo fragmentario- están completos, y me quedo también con el reverso menos tenebroso de los intermedios: lo hiperactivo. Hiperactivo!

  4. La hiperactividad está infravalorada. Nuestro mundo moderno está lleno de oportunidades para los hiperactivos. Cada escritura de un artículo se ve interrumpida por una llamada telefónica, cada llamada telefónica por otra (sea en la otra línea o en el móvil, o en la línea de un compañero de oficina, o por un anuncio de televisión cuya música acaba de sonar en la radio, o en el acordeón del mendigo de la esquina, o en una chocolatina cuyo envoltorio de rechamantes coloridos nos llama desde detrás del monitor, y ¿qúe estaba haciendo? ¡Ah, sí, escribir un artículo! ¿Sobre qué? Pues sobre la fragmentariedad. Que es el mundo en que vivimos. El que no quiera fragmentariedad, que se vaya a una cantera de granito. Pero que se vaya temprano, que en cuanto empieza la jornada laboral aparecen los obreros y se ponen a cortarlo todo en trozos más o menos grandes, pero al fin y al cabo fragmentarios con respecto al todo. La fragmentariedad, la hiperactividad, el insomnio de nuestra cultura tecnológica e hiperacelerada, tienen también sus reglas, y tan vacío de sentido es rechazarlas de plano (\”Yo nunca leo nada posterior a 1956\”) como aceptarlas sin el menor filtro crítico (\”Colecciono cromos de Drag Queens imitadoras de Rafaella Carrá disfrazadas de personajes de La Guerra de las Galaxias\”).

  5. Interludio jocular: del mismo modo que Yahoo! se puede apocopar en \”Y!\”, hiperactivo se puede apocopar en \”ha!\” Este segundo apócope es, a mi juicio, mucho más interesante, apropiado, pronunciable y preñado de matices. El \”Y!\” de Yahoo! parece una pregunta mal entonada por un gallego un tanto chulo y apresurado, que no puede tomarse el tiempo de espetar el ¿Y luego? al completo. \”ha!\”, por el contrario, es una interjección triunfal, que mezcla el \”te lo dije\” con \”y ni te atrevas a contestar\”, como sin duda recordarán los espectadores de Enredo, aquella feroz parodia de los folletines televisivos norteamericanos. Há!

  6. La hiperactividad es una patología diagnosticable, que mucho me temo representa el espíritu de los tiempos, un poco del mismo modo que la melancolía rellenaba todos los huecos de la vida social de la Inglaterra Isabelina. Ser hiperactivo es la única reacción posible a la fragmentariedad del tiempo, la única forma de encontrar huecos para hacer todo lo que la fragmentariedad social, laboral y personal (no se palpen ahora, pero seguro que les faltan trozos) les impulsa/obliga/mueve/ a realizar como tareas ineluctables de su vida cotidiana.

  7. La economía de la atención: Michael Goldhaber, en una serie de memorables artículos para la publicación First Monday (cuya relación con los First Tuesdays es aproximadamente la misma que tiene el Miércoles de Ceniza con el Día del Orgullo Gay), afirma que hemos llegado a la era de la Economía de la Atención, lo que él llama la Economía Natural de la Red. Según Goldhaber, el recurso limitado por excelencia es la capacidad de atención del público, que sólo puede dedicarse a una cosa dada en un momento dado. Y es un recurso no renovable. Todos nosotros disponemos de unas horas de atención al día. Las podemos dedicar al trabajo o al ocio, pero no podemos acumular las que no usemos y acarrearlas para el día siguiente. Sobra \”contenido\” (las comillas son para poder sujetar el término sin que se desmorone por el peso vertido sobre él por tanto ejecutivo de puntocom con alma de diamante y moral de mazapán) y falta atención. Nosotros, vosotros, y nuestra atención, somos el recurso escaso. De ahí la nueva Economía Natural de la Red.

¿Qué tiene que ver la hiperactividad con la atención? Es la explicación que me falta para terminar de atar el paquete. Pues bien: algunos psicólogos estadounidenses, que comparten la doble condición de aficionados a la patología mental y coleccionistas de siglas de tres letras, han llegado a la conclusión de que lo que hasta ahora se denominaba, con cierta laxitud terminológica, \”niños hiperactivos\” encaja dentro de un síndrome más amplio llamado ADD, Attention Deficit Disorder o \’Trastorno por Déficit de Atención\’. Haciendo de la necesidad virtud, el autor de esta sección dará un vistazo semanal a las redes y sus saberes, sus mecánicas y usabilidades, sus éticas y sus estéticas, convirtiéndose para ustedes, como Jekyll en Hyde, en hiperactivo!.

Gracias por su atención.


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