En EEUU, la neutralidad no es móvil

La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, en sus siglas en inglés) ha aprobado sus normas de Neutralidad en la Red, que destacan sobre todo porque marcan una gran línea divisoria entre las conexiones desde líneas fijas y las de dispositivos móviles.

Así, los proveedores de conexión a Internet fija seguirán sin poder discriminar contenidos, aplicaciones ni bloquear el acceso a páginas web. Por su parte, las operadoras móviles, que gestionan redes sobrecargadas por el tráfico de datos, podrán priorizar unas aplicaciones en perjuicio de otras dentro de lo "razonable". Además, en un país acostumbrado a las tarifas móviles ilimitadas, se plantea la posibilidad de cobrar en función del tráfico, como ocurre por ejemplo en España.

Varios medios denuncian que las normas son muy similares a la propuesta original de Google y Verizon, pese a las reticencias de algunos miembros de la FCC. De hecho, los parecidos llegan hasta lo sospechoso, por la mención expresa de productos de Google y Verizon en el texto de la Comisión, y que por ejemplo viene a decir que no hace falta poner normas más estrictas de neutralidad porque Android es abierto, lo que además de un poco discutible, no tiene nada que ver, porque una cosa es el software que utiliza tu dispositivo y otra muy distinta el contenido al que puedes acceder con ese dispositivo.

Esto, junto con las distinciones entre conexiones fijas y móviles, ha indignado a los defensores de los derechos digitales. Por un lado, porque esa distinción crea una barrera de acceso al contenido desde dispositivos móviles, que en muchos casos es la única vía de acceso a la Red de usuarios con menos medios económicos. Por otro lado, no prohíbe a las operadoras cobrar por priorizar el tráfico y, en un ejemplo un poco extremo, un periódico podría pagar para funcionar más rápido que otro.

Tampoco convence a los partidarios del libre mercado, que aseguran que las normas asfixiarán la innovación, y además está la cuestión de si la FCC tiene la autoridad legal de imponer esas normas, que podrían verse rechazadas ante un tribunal si cualquiera de los descontentos apela el texto.

Al margen de la polémica, la FCC ha hecho una llamada a los desarrolladores para pedirles aplicaciones que demuestren lo abierta que es la Red. El Open Internet Challenge, que así se llama el proyecto, plantea unos 55 retos de diferentes organizaciones que piden software para cosas tan variadas como ayudar a veteranos de guerra o gestionar catástrofes naturales.


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