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En peligro el anonimato de los blogueros en el Reino Unido

Richard Horton es un policía de 45 años de Lancashire que durante 18 meses ha escrito un blog (ahora desaparecido de la Red) en el que contaba diferentes entresijos de los casos policiales bajo el seudónimo de NigthJack.

No conoceríamos su identidad de no ser porque un juez de la Corte Suprema británica ha dado permiso al diario The Times para hacer público su nombre real. El periódico averiguó la identidad del policía después que éste diera información en su blog relacionada con algunas investigaciones policiales sobre acoso a menores.

Horton intentó que no se difundiera su nombre, pero el juez ha dado la razón al periódico. The Times entiende que la identidad del policía es de interés público dada la naturaleza de los contenidos expuestos en su blog, que gozaba de gran popularidad (hasta medio millón de lectores al mes) y fue galardonado hace dos meses con el premio Orwell en la categoría de blogs políticos.

No se tomará ninguna medida adicional contra Horton. Según un portavoz de la policía de Lancanshire, éste se muestra arrepentido y acepta que parte de sus comentarios públicos se encuentran fuera de lugar del comportamiento profesional que se espera de un oficial de la policía.

El caso sienta un precedente sobre el anonimato de los autores de blogs, ya que la Justicia establece así que los bloggers no pueden recurrir a un procedimiento legal para ocultar su identidad real.

La sentencia explica que ha dado permiso a The Times para difundir la identidad de NightJack porque los ciudadanos pueden verse afectados por funcionarios públicos que actúan fuera de las normas establecidas por sus superiores. Pero dado que mucho de lo que Horton exponía en su blog eran opiniones personales, ha surgido la polémica sobre la conveniencia de esta decisión.

Ahora, otros funcionarios públicos que también escriben blogs sobre diferentes instituciones pueden ver amenazada su libertad de expresión. Por ejemplo, Tom Reynolds, un blogger que trabaja en el servicio público de ambulancias de Londres, comentaba en su blog:

“Lo que los blogueros hacen es humanizar y explicar su parte del mundo. Los sectores públicos deben agradecer tener blogueros escribiendo desde dentro; después de todo, son la gente que se preocupan de lo que hacen, de las mejoras que se deberían introducir y de donde provienen los fallos”.

El debate queda pues planteado en términos de utilidad pública: ¿prefieren los ciudadanos que alguien (si es necesario, desde el anonimato) les desgrane el funcionamiento de los servicios públicos, o es preferible que se conozca su identidad real, lo que pueda poner en peligro la continuidad de sus blogs?


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