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¿Eres de los de “Yo ya sé lo que tengo que hacer”?

El pensar que uno lo sabe todo y actúa en base a ese conocimiento no es más que monotonía y repetición de actos. Y de ahí a la peligrosa autocomplacencia hay un paso. La vida evoluciona, y más en esta década que acabamos de dejar. El impacto en tecnología ha sido tan brutal en la manera de hacer negocios y comunicarnos entre las personas que el que no se recicle y adopte nuevas formas de proceder está posiblemente obsoleto y falto de formación.

Y hay mucha gente que se cree que ya sabe todo lo que tiene que hacer. Son los que llevan repitiendo su mensaje unos cuantos años, sin apenas variar una coma su discurso y su forma de proceder.

Ignoran los cambios que han acontecido en nuestra sociedad, como la revolución tecnológica que hemos padecido con la llegada de Internet. Y tampoco quieren ver el impacto de una sociedad global que permite interactuar con cualquier parte del mundo para comprar y vender productos y servicios. Y tampoco quieren ver las consecuencias de la crisis financiera que ha llevado a tener que tomar decisiones fuertes en todos los ámbitos (reestructuraciones, despidos, productividad, focalización, etc).

Encontramos a estos individuos sobre todo en grandes y medianas empresas. Están en todos los niveles de la jerarquía, desde puestos de trabajadores hasta la dirección general. Su repetición de actos, modales y formas de actuar los lleva al ostracismo, no tanto porque no les gusta relacionarse con la gente, sino por mediocridad. No escuchan ni se dejan asesorar. No leen con ánimo de aprender, sino para mantenerse informados; y no interpretan datos porque están anclados en una forma de pensar que puede que ya no sea óptima para su empresa.

Pero esto tiene solución, y ésta pasa por disponer de un carácter más emprendedor. La toma de iniciativas, querer progresar en conocimiento, cultura y aprendizaje, lleva a la persona a adquirir conocimiento, nuevas prácticas y nuevas metodologías.

Los comerciales y la dirección de cualquier empresa debería pasar por las aulas y formarse en estos nuevos conceptos y herramientas. El resultado sería un nuevo estilo de dirección tanto estratégica como comercial, claves de cualquier proyecto emprendedor y empresa.

El estilo de liderazgo y dirección se impregnaría, dando sus frutos en forma de crecimiento, innovación, empeño y compromiso para con sus trabajadores, clientes, proveedores y sociedad en general. El enamoramiento debe volver a las empresas como parte de su cultura y valores en los que se identifica.


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