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Es difícil ser un perro anónimo

En los comienzos de la era Internet, una viñeta humorística publicada en la revista The New Yorker se hizo muy popular: esa que proclamaba que “en Internet nadie sabe que eres un perro”. Hoy en día, el can ideado por Peter Steiner no sólo tendría muy complicado ocultar su verdadera identidad, sino que al navegar por la Red se encontraría con anuncios de salones de belleza caninos, juguetes para el mejor amigo del hombre o comida para perros rica en vitaminas.

Y es que cuando navegamos por la Red, dejamos un rastro del que a menudo ni siquiera somos conscientes, pero que otros aprovechan en aras de eso tan de moda que se llama customización. Como si cuando caminamos por una playa alguien se dedicara a analizar furtivamente las huellas que dejamos en la arena, para luego ofrecernos unos zapatos a medida o un tratamiento podológico para aliviar los males de nuestros pies. Tal vez lo agradezcamos, pero… ¿acaso lo hemos solicitado?


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