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Es duro ser profeta tecnológico

En España todavía hay muchos que piensan que la innovación tecnológica consiste en poner una línea de ADSL e instalar unos cuantos ordenadores. Que luego esos equipos se utilicen para leer el correo electrónico o la prensa suele ser lo más habitual; acciones como realizar copias de seguridad o trámites administrativos casi alcanzan la categoría de proeza. Y es que en nuestro país, como denuncia en este artículo Felipe García, el camino de la innovación es largo y tortuoso. Aquí se prefiere confiar en lo seguro y conocido (el ladrillo o el turismo), aunque sean sectores que empiezan a mostrar claros síntomas de saturación y agotamiento. A los que apuestan por los negocios basados en las posibilidades de las nuevas tecnologías aún se les mira como si tuvieran el pelo de color verde. Algo especial sin duda tienen: fe y ganas de seguir difundiendo la palabra de la innovación, aunque los tomen por locos.


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