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¿Es fiable la información ciudadana en internet?

En los últimos años se viene alabando la necesidad y el provecho informativo que aporta el periodismo ciudadano ejercido desde internet. Ya no sólo a través de los comienzos de la Web 2.0 con los comentarios de los lectores a las noticias, sino con el hecho de que los propios ciudadanos sean redactores de contenidos informativos en diversos diarios digitales o incluso en plataformas exclusivamente ciudadanas.

En ocasiones, incluso, vemos de qué manera la información aportada por los ciudadanos en más inmediata e incluso más fiable que la ofrecida por los diarios, ya que los ciudadanos no están sometidos a ningún tipo de directrices por parte de nadie. Un ejemplo muy positivo (dentro de todo lo positivo que esto podría ser) es la cobertura informativa que se ofreció a raíz de los atentados terroristas en Bombay. Mientras los medios tardaban en ofrecer datos a sus espectadores y/o lectores, varias plataformas ciudadanas albergaban los testimonios de personas cercanas al lugar de los atentados o que incluso ‘posteaban’ desde el sitio del suceso. En Twitter, en Flickr (1 y 2), en la Wikipedia, en Mahalo… innumerables han sido las plataformas que han puesto voz y –sobre todo- imagen a los atentados y han ofrecido una información rápida y veraz que en casi todos los casos ha superado a la cobertura de los grandes medios.

Sin embargo, también nos encontramos con los casos contrarios. Y es que todos sabemos que, en ocasiones, otras plataformas amparadas en el periodismo ciudadano acogen artículos y/o comentarios que poco o nada tienen que ver con la realidad. Artículos en los que todo el que pasa por allí informa de algo sin haberlo contrastado o directamente se lo inventa. Foros, blogs… son también muchas las plataformas que a veces, y por desgracia, se convierten en mentideros públicos que echan por tierra la meritoria labor del verdadero, provechoso y necesario periodismo ciudadano.

El problema del anonimato
En la mayoría de las ocasiones, la diferencia entre unos y otros, entre lo veraz y lo inventado, entre la información y los coladeros de mentiras, viene dado por el anonimato. Muchos diarios y muchas plataformas permiten al que escribe firmar de forma anónima, con lo que el remordimiento por dar noticias falsas disminuye notabilísimamente a cambio de un momentáneo protagonismo en internet. Amparados en el anonimato, los usuarios a menudo confunden los principios básicos del periodismo ciudadano. Muchas veces inventan historias; otras tantas, seguramente sin mala intención, convierten una plataforma en un corralillo de rumores que en ningún caso respetan las premisas básicas de veracidad o de contrastar una información antes de hacerla pública.

El éxito del periodismo ciudadano pasa, inevitablemente, por poner nombre y cara a los ciudadanos que informan. Esto trae dos beneficios: en primer lugar, si estamos ante un verdadero periodista ciudadano que realiza su labor de forma provechosa, a él mismo la jugada le saldrá bien y quién sabe si algún día obtendrá un trabajo remunerado en el mundo del periodismo. El segundo beneficio, evidentemente, consiste en la construcción de unas plataformas que huyen de los rumores y las mentiras y que se amparan en noticias contrastadas que puedan ofrecer un buen servicio al ciudadano. Y, al fin y al cabo, de eso se trata.


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