Esas endiabladas cacharras

¿Quién no ha sufrido alguna vez en sus carnes la complejidad de un artilugio, del folleto de instrucciones, etc? Bien, pues prácticamente todos nosotros, porque la mitad de los productos devueltos se rechaza por ser demasiado complejos.

Las quejas y devoluciones de productos tienen su origen en la mayoría de los casos en un mal diseño, un problema al que las compañías no suelen prestar mucha atención, según la tesis de Elke den Ouden, de la Universidad Técnica de Eindhoven (Holanda).

Y es que, pese a que una oleada de versátiles aparatos electrónicos ha inundado el mercado en los últimos años -reproductores de MP3, sistemas de cine en casa, centros de entretenimiento digital, sistemas de audio sin cables-, muchos usuarios siguen encontrando difícil instalarlos y utilizarlos.

Como dato curioso, Den Ouden señala que, antes de darse por vencidos, los estadounidenses batallan durante veinte minutos para hacer que funcione un aparato.

Como parte de su investigación, la científica envió aparatos nuevos a un grupo de directivos de Phillips, pidiéndoles que los emplearan durante un fin de semana. Pero los ejecutivos los devolvieron, frustrados porque no podían hacer funcionar los dispositivos correctamente.


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