BAQUIA

Escena imaginaria

– Hombre Ramírez, enhorabuena.
– ¿Por?
– Venga, no te hagas el modesto. Ya me he enterado que el jefe te va a mandar a ti al cursillo de formación en Nueva York.
– Sí, es verdad, gracias.
– Vaya, vaya, y eso que sólo llevas tres meses en la empresa, a eso se le llama llegar y besar el santo, ¿no te parece?
– Sí, supongo.
– Oye, pues estaba comentando con Fernández que igual no te viene muy bien ir.
– ¿Cómo que no me viene muy bien ir?
– Hombre, como tú eres nuevo y tal, y todavía no sabes muy bien como funciona todo esto…
– No te preocupes, ya me apañaré.
– Además, creo que aún tienes pendiente bastante trabajo, ¿no?
– Sí, pero lo terminaré a tiempo, descuida.
– Bueno, eso espero, no está bien hacer las cosas a medias.
– No, no está bien.
(Silencio tenso)
– Bueno, de todas formas, si no te importa le voy a decir al jefe que Fernández y yo estamos dispuestos a ir en tu lugar, porque tú igual no vas a poder.
– Ya.
– Pero no te mosquees, si yo lo digo por el bien de la empresa. Seguro que nosotros íbamos a aprovechar mucho mejor el cursillo.
– Ya, ya.
– Pues eso, de buen rollo. Venga, ¡buen fin de semana, campeón!
Ramírez se levantó de su mesa y se acercó a la máquina de café. Pensó: “Sí, ahora entiendo lo que es una puñalada trapera”.


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