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“España está al Sur de la Nueva Economía”

José Ignacio Wert, sociólogo y presidente de Demoscopia, en el Foro de la Fundación Emilio Botín \”De la Nueva Economía a la Nueva Sociedad\”, presenta su perspectiva de la penetración de Internet en la sociedad española, de las consecuencias sociales de la Nueva Economía y de los efectos políticos de la economía tecnológica en España.

Para Wert, el núcleo económico ha sufrido una transformación importante debido a la mundialización y uno de sus principales componentes ha sido la revolución de las Tecnologías de la información y de la comunicación (TIC), así como la liberalización de dicho sector. Existe un nuevo entorno relacional cuyo protagonista es Internet, pero es discutible que se pueda hablar de Nueva Economía.

Primero PC, después Internet

¿De qué forma se está introduciendo Internet entre los españoles? En España, hablar de Internet exige remontarse al uso la computadora personal. En España, usa PC apenas un tercio de los españoles, según una encuesta del Estudio General de Medios (EGM) realizada entre más de 45.000 personas mayores de 14 años. Lo que refleja que en los últimos cinco años el coeficiente de penetración de la capacidad de uso del PC ha incrementado en un 65%.

En España, la brecha fundamental en el uso del PC es una brecha de edad, de clase social y de género, continúa Wert. Los menores de 35 años son un 38% de la población adulta, pero en cambio son dos tercios de la población que sabe usar el PC. Pero el \”analfabetismo informático\” no depende sólo de la edad sino de la capacidad económica. El 44% de la clase social alta y medio alta dispone de PC en casa, mientras que en la clase social baja o medio baja, tan sólo un 10% tiene acceso. En cuanto al género, tan sólo el 20% de las mujeres saben usar un PC.

Tecnologías amigas, tecnologías enemigas

De estos datos, deduce el presidente de Demoscopia que la tecnología supone una barrera de entrada que no parece que vaya a ser universalmente superada por personas de todas las edades o de todas las condiciones en un plazo relativamente breve, al menos en España. En caso de que así fuera, depende de bastantes elementos coyunturales, no sólo de la accesibilidad, sino de un factor de actitud.

En general se pueden distinguir las tecnologías entre las que son cien por cien amistosas, como la televisión y entre las tecnologías que requieren algún tipo de aprendizaje, entre las que Wert cataloga el PC. Pero además, este caso, genera algún tipo de resistencia y tecnofobia, u odio a los PCs; según describe Wert, las personas mayores de 65 años tienen auténtica fobia al PC. Aunque según Negroponte, el acceso a Internet a través del PC conocerá su declive el día en que tecnologías más amistosas, o que no producen tanto rechazo en el usuario, tales como la televisión o el teléfono móvil, permitan navegar por Internet.

La Red en España

Según EGM, Internet es hoy un recurso al que sólo tiene acceso un 16% de la población española. En términos absolutos habla de más de 5.5 millones y medio de personas, con una pauta de crecimiento, no exponencial, pero bastante estimable. El 7% de los españoles hace un uso cotidiano de Internet, lo que Wert valora como una cifra demasiado pequeña para pensar que el uso de la Red se va a extender de modo masivo entre los españoles, al menos en un espacio temporal relativamente corto.

Desde el punto de vista de las características demográficas, los internautas son bastante particulares. La fractura de la edad es más marcada en el uso de Internet que en el uso del PC. Bastará una cifra: los mayores de 55 años son el 38% de los adultos españoles y son el 3% del universo internauta. Wert justifica la descompensación de los más mayores respecto al universo Internet, porque normalmente para las personas más mayores suele ser más difícil adaptarse a cualquier nueva tecnología y porque además, los interfaces son poco amistosos para los nuevos usuarios.

Europa o la eterna esclavitud de las comparaciones

¿Y cómo estamos respecto a Europa? Pues parece que según este informe España está al sur de la Nueva Economía. La capacidad de usar un PC se sitúa aproximadamente en un 33%. Y es que: ¡no es lo mismo tener un PC que saber usarlo!. La proporción de gente que vive en hogares que disponen de PC es del 67%, lo que Wert explica como un factor generacional. Y como ejemplo, la típica situación de hogares con hijos cuyos padres compran un PC para uso escolar que ellos no saben manejar.

Pero estamos muy lejos de Holanda, con un 62%, Alemania, con un 52%, o Reino Unido con un 45% de coeficiente de penetración de los PCs. Más cerca quedan Francia e Italia, con un 40y un 35% de penetración respectivamente. Y lo mismo parece suceder con el acceso a la Red. Un estudio realizado por Sofres sobre el coeficiente de penetración de Internet, sitúa a España en la posición número 16 respecto a un total de 27 países; detrás de Turquía e Italia y por delante de Malasia y de la República Checa. Los más avanzados resulta obvio mencionarlos: Estados Unidos con un 58% de penetración, Dinamarca con un 54% y Holanda con un 46%. En la Unión Europea por detrás de España tan sólo quedan Portugal y Grecia.

Internet o el antiguo bazar

En muchos sentidos, Internet evoca más a un antiguo bazar que a un centro comercial, que es la imagen que las empresas quieren hacer pasar tienen de esta nueva herramienta. Internet ha conectado el mundo entre sí y ha promocionado un espacio en el que la voz humana se escuche a escala planetaria, pero aunque las empresas insistan en verlo como tal, el Nuevo Mercado es más que un mercado. La Nueva Economía es mucho más que economía.

En cuanto al comercio electrónico, España ocupa el número quince en la clasificación, y según Wert tan sólo el 1% de los adultos españoles tiene alguna experiencia de compra en la Red. Evidentemente podíamos pensar que esa es la posición que nos toca una vez más respecto a Europa, pero relacionando estos datos con otras tasas, como de penetración de teléfonos móviles, vídeos, o televisión en los hogares, la ecuación resultante en España es completamente distinta. En estas tecnologías, España se encuentra en un nivel de equipamiento muy próximo a EEUU y supera al de la mayor parte de los países nórdicos, que en uso de la Red parecen aventajarnos.

En cuanto a la TV de pago, bastante conectada, España es el segundo mercado en términos de penetración relativa de Europa. El 20% de los hogares españoles están abonados a alguna forma de TV de pago, y los países nórdicos, están en tasas que oscilan entre el 4 y el 8% de los hogares.

Del abismo tecnológico que sitúa a España en desventaja competitiva respecto a Internet, parece deducirse que además de los factores tecnológicos existen otros culturales y políticos. Quizá lo más interesante desde la perspectiva de las políticas públicas, sea observar la necesidad que existe de mejorar nuestra situación de retraso tecnológico, de romper esa barrera tecnológica competitiva de esa sociedad.

¿A usted le importa Internet?

El factor cultural es importante. Al hablar de la Nueva Economía, o de Internet en general, se tiende a pensar que se habla de algo que por fuerza ha de interesar a todo el mundo. Pero es posible encontrarse con grandes sorpresas. En mayo del año pasado, Demoscopia hizo una encuesta interna sobre actitudes ante las nuevas tecnologías, con curiosos resultados.

Entre quienes no usan Internet, más del 80% de la población adulta, hay un 12 % que considera que es muy interesante y un 40% que piensa que no es nada interesante. Es decir, que hay más posiciones de desinterés o de recelo que a favor, aunque estas actitudes pueden encubrir cierta reacción psicológica de defensa frente a un mundo que provoca el rechazo de lo desconocido, o lo que uno supone que de antemano va a ser difícil de conocer o de manejar. Estas actitudes de miedo refuerzan los frenos naturales que tienen las personas de más edad ante nuevos retos.

Y de postre: ciberpesimismo

Es honesto decir que esta información no conduce necesariamente al optimismo respecto a esta tecnología, pero la brecha digital y sus efectos sociales no son desde luego un tema menor, dejados a la ley del mercado, tienden a aunarse, a reproducirse y a empeorar la desventaja competitiva de quienes no pueden acceder a esta tecnología.

Las consecuencias políticas de esta situación respecto a Internet, más bien sugieren la necesidad de que se instrumenten medidas políticas. Sobre todo para mitigar el riesgo de que la Red se convierta en un recurso amplificador de las desventajas competitivas de los menos favorecidos; pero también para evitar que funcione en un sentido contrario al que su lógica parecería demandar, es decir, que sirva más a la desigualdad más que a la igualdad de oportunidades.


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