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¿Está el email desfasado?

¿Cuántos e-mails ha enviado y recibido hoy? Probablemente, unos cuantos. Y es que el correo electrónico ha sido –y sigue siendo- la aplicación estelar en las comunicaciones electrónicas durante la última década.

Pero, ¿estamos asistiendo al final de su reinado? Es la pregunta que plantea The Wall Street Journal, ante la avalancha de nuevos servicios que crean una nueva forma de interactuar en la Red. La esencia del correo electrónico parece quedar poco a poco desfasada: una aplicación diseñada para consultarse regularmente, cada vez que nos conectamos a Internet.

Pero el estar permanentemente conectados crea nuevas formas de comunicación e interacción, más rápidas y amenas. Cada vez tiene menos sentido entrar y salir de una cuenta de correo con una contraseña. No digamos ya aquella costumbre de llamar por teléfono para comprobar si el e-mail ha llegado a su destinatario…

Facebook y Twitter son las cabezas visibles de una revolución cuyo verdadero protagonista quiere ser Wave, que acaba de extender su fase de pruebas a sus 100.000 primeros usuarios. Un servicio que los responsables de Google definieron como “el correo electrónico si se inventara hoy”.

Con Wave, algunas acciones clásicas del correo tradicional quedarán definitivamente arrinconadas. Por ejemplo, la opción de adjuntar archivos, que en Wave se pueden visualizar simplemente arrastrándolos a la pantalla donde tiene lugar la conversación, O esperar una respuesta a un mensaje, ya que en Wave las reacciones se producen casi en tiempo real.

Algunos datos dan fe de la ascensión de nuevas formas de comunicación: según Nielsen, en agosto 277 millones de personas utilizaban el correo electrónico en los EEUU, Europa, Australia y Brasil. Sin embargo, el número de usuarios de redes sociales sobrepasó los 300 millones, con un crecimiento del 31% en el último año.

Las consecuencias de esta (r)evolución ya se van entreviendo. La primera es la inmediatez. De esperar durante días una carta por correo postal, hemos pasado a esperar media hora la llegada de un e-mail, luego minutos y ahora… segundos. Servicios como Twitter permiten comunicar a cientos de personas a la vez en tiempo real.

Claro que no todo son ventajas en esta transformación. Por ejemplo, surge el problema de la discriminación de la información: si pasamos de comunicaciones puntuales a un continuo flujo de datos, también perdemos capacidad para discernir qué es lo realmente importante. Podemos usar entonces filtros, paradójicamente aumentando la dependencia tecnológica.

También está la cuestión de la identidad digital: de identificarnos con un nombre, una arroba y un dominio hemos pasado a múltiples perfiles en diferentes redes, con cantidad de información asociada. Para bien o para mal, podemos saber mucho de la persona con la que nos estamos comunicando.

Por último, surge la duda de si todos estos servicios ahorran o no tiempo: sus creadores los defienden, alegando que emplear las herramientas idóneas para cada ocasión permite evitar el abuso del correo electrónico. Claro que eso no incluye el tiempo de aprendizaje…

En definitva, tal vez todo esto no sean más que especulaciones un tanto precipitadas. Cuando Wave finalice su fase beta estaremos un poco más cerca de salir de dudas.


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