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¿Están de vuelta las incubadoras?

Cuando después de la experiencia de Netjuice me decidí a convertir DAD-Digital Assets Deployment en una incubadora de negocios de Internet, mis antiguos compañeros en aquella inversión me dijeron que estaba loco, y que si no había tenido suficiente con el amago de infarto que significaron los cinco años de vacas flacas que siguieron al estallido de la burbuja de Internet en el 2000.

Creo que las incubadoras tienen más sentido que nunca. Durante los malos tiempos hemos aprendido mucho. Sobre todo, que la incubadora, al no tener ingresos propios, debe ser muy parca con sus gastos y dedicar todo el capital que levanta a las empresas participadas.

Eduardo Collado me hace una entrevista en su videoblog que es de lo mejor que me han preguntado en los últimos cinco años. El resultado es (aparte de lo poco telegénico que soy) una entrevista que resume, en unos pocos minutos, lo más importante del concepto.

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Sigo leyendo asiduamente Business 2.0, hoy en manos del grupo americano Time Warner. Curiosamente, en su nueva edición aparece un artículo que, por primera vez en casi 3 años, vuelve al tema de las incubadoras. Concretamente nos habla de Naval Ravikant, un bloguero e inversor de éxito convertido en incubador.

Naval no quiere llamar incubadora a su nuevo invento, Hit Forge. No en vano desaparecieron la mayoría de las 700 que estaban en acción en el momento álgido de la burbuja sólo en la zona de California. Ahora, define su proyecto como ”un estudio de cine” en el que realizar los sueños de emprendedores que tengan ideas y/o mucha tecnología, y apostar por un porcentaje de éxito inferior al 10%.

Aunque estoy de acuerdo con Naval en muchas de sus aseveraciones, el mercado español, tan distinto, no permite apuntar a porcentajes bajos de éxito ya que éstos en ningún caso serán como los que ellos pueden vivir en EEUU.

Me explico: en EEUU calculan que lanzar con éxito una empresa de Internet cuesta entre 10 y 15 millones de dólares. Es decir, la apuesta es fuerte porque, normalmente, se realiza en no más de dos rondas de financiación. La contrapartida es que cualquier empresa que se vende, antes de salir a Bolsa o incluso todavía con pérdidas, si tiene una tecnología interesante para alguno de los grandes (Google, Yahoo, Microsoft, eBay, Amazon, Cisco…) se venderá por encima de los 100 millones.

Se han vuelto a pagar 30 millones por una empresa que todavía no tenía más que una maqueta de lo que quería hacer. Es decir, en el Valle se aceptan grandes riesgos, pero se espera que, de vez en cuando, un proyecto logre un éxito tan arrollador que compense a todos los fallidos.

En España hay que ser mucho más precavido porque el mercado es más pequeño y son pocos todavía los emprendedores que se desayunan con los grandes periódicos americanos como compañeros de mesa. Por ello, incubar en España es muy personal. Hay que seleccionar muy bien por quién se apuesta y ayudarle en todas las fases de su desarrollo, de forma que la contribución económica no sea lo más importante.

El triunfo en países europeos pequeños, como es el caso de España, tiene limitado el valor a nivel mundial y los inversores tienen que asegurarse “más pequeños éxitos” y confiar menos en un solo “exitazo”. En DAD apuntamos en ambas direcciones, y con la experiencia de “5 años de sequía”, somos muy cuidadosos en la elección de nuestros emprendedores.

Emprender en España es difícil, pero cada día más personas de todas las edades lo hacen. Ánimo a todos ellos.


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