BAQUIA

Estimado señor Gates

Hoy lo he comprendido todo. Un nuevo orden mundial se avecina. Se terminan las conexiones entre la política, los negocios y los medios de comunicación, porque al final serán una sola cosa. Global. En Red. Y he decidido que quiero estar en el bando ganador, en el lado del poder. Quiero formar parte de su proyecto.

La información controla el mundo, y ¿quién controla la información? Aquel que posee el grifo por el que fluye, el dueño del canal. Con los sistemas operativos Windows en nueve de cada diez computadoras del planeta, y la estrategia .NET para convertir en dinero cualquier bit que salga de ellas a través de la Red, Microsoft tiene la llave del futuro.

El porvenir de los negocios, por mucho que algunos catastrofistas se empeñen, está en Internet. Por lo menos durante los próximos años de inestabilidad, las transacciones a distancia serán inmensamente rentables. Si una visita a una página web y una tarjeta de crédito evitan un viaje en avión, tanto mejor. Mala suerte para las compañías aéreas.

También veo fascinado cómo llegan a todos los rincones de la vida empresarial las mismas prácticas informativas de los políticos. Se lanzan proclamas que denuncian la inmoralidad del enemigo o globos sonda para comprobar cómo se aceptan medidas extremas.

Es admirable la forma en la que se enfrentaron a la amenaza del software libre presentándolo como algo para radicales peligrosos. Cuando un grupo de desarrapados es capaz de crear productos de calidad sólo con ideales y cooperación, el negocio está en peligro. Más de la mitad de los sitios de Internet utilizan Apache, el servidor open-source de páginas web, frente al 25% que compra IIS de Microsoft. Inadmisible. Había que actuar rápido.

Con qué donaire sus ejecutivos Allchin y Mundie tocaron la fibra sensible de los usuarios: si se regala, impide que los demás (es decir, Microsoft) hagan negocio, y si no hay negocio, no hay innovación. Y la puntilla de tildar el movimiento open-source de antiamericano. Sublime. En Europa el patriotismo está passé, pero en EEUU seguro que fue contundente, incluso antes del día 11 de septiembre.

Como si no tuvieran otra ocupación, algunos de esos desarrapados se dedican a encontrar agujeros de seguridad y programar virus que se cuelan por ellos. Crean así una alarma innecesaria entre los usuarios y una mala imagen ante los clientes. Pero en Microsoft han sabido explicar a cada uno cuáles son sus responsabilidades.

Las empresas de seguridad informática, por ejemplo. Si descubren un agujero, deberían callárselo e informar a Microsoft discretamente para así publicar tantos parches como sea necesario. De este modo la gente sí que se siente protegida, por no mencionar que se abre una dorada línea de ingresos gracias a las actualizaciones. Hay que conseguir desviar a los jóvenes de la tentación de jugar con códigos fuente en C y orientarlos hacia sistemas más seguros, como Visual Basic.

Pero no es sólo eso. Los mensajes más efectivos tienen que encontrar el momento justo, y ustedes en MS saben cómo. ¿Qué mejor que comparar en estos días aciagos a los programadores de virus con terroristas internacionales? Por no hablar de la desidia de los administradores de sistemas. Esos vagos son incapaces de instalar 42 parches para evitar un desastre.

En el nuevo orden mundial la seguridad será una exigencia, y hay que mostrar una imagen contundente pase lo que pase. Por ejemplo, minimizando la importancia del problema, como en el caso de su agujereado sistema de protección de derechos digitales, clave de la confianza de las discográficas y empresas de contenido en el formato Windows Media.

Además, con los medios de comunicación al borde de la bancarrota por el fracaso del sistema de publicidad, ha llegado el momento de crear una Internet más segura, más controlada, lejos de la actual anarquía de la información. La idea libertaria de Internet como medio de comunicación e información universal y gratuito estaba condenado desde el principio. Porque ¿qué es una idea si no se puede convertir en dinero? Un fracaso.

Pero el dinero tampoco es nada sin el poder. Es necesario transmitir todas estas ideas a la población de la forma adecuada, convencerles de lo que es mejor para ellos, y para eso pueden contar conmigo. La gente prefiere creer lo increíble, que es mucho más divertido. Ya no tiene ningún aliciente, ni representa un reto intelectual, contar las cosas como son. Ahora quiero contar las cosas como tienen que ser.

Por eso quiero estar en su gabinete de comunicación. Quiero llevar camisas polo con el logotipo de Office. Quiero escuchar cintas con sus discursos, señor Gates, aprender a programar en C# e incluso asistir a las clases de aeróbic del señor Ballmer. Quiero influir en las personas, ser poderoso y aplastar a mis enemigos. Quiero ser uno de los suyos.

Deprisa, antes de que me arrepienta.


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