El chiste es viejo. El padre le espeta al hijo:
– Niño, a ver si espabilas un poco, que a tu edad Edison ya había patentado varios inventos.
A lo que el avispado crío replica:
– ¿Sí? Pues a la tuya Rockefeller ya era el hombre más rico del mundo.
Ahora resulta que en los Estados Unidos, el país donde todo se convierte en espectáculo, hay infantes que parece que se aplican este cuento y se convierten en empresarios-prodigio. Para sacarse algunos dólares extra ya no se estila segar el césped los fines de semana o lavar la flotilla de coches familiar. No, ahora la cosa es montar un negocio, que siempre habrá alguien dispuesto a dejarse vencer por la ternura y precocidad del empresario y compensar el esfuerzo hecho con algún dinerillo.
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