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Fraude online, ese incómodo enemigo

Los nodos de comercio electrónico lo tienen claro: o consiguen ganarse la confianza de los ciudadanos en general y de los internautas en particular, o los negocios digitales evolucionarán a paso de tortuga. Pero todo apunta a que aún queda mucho camino por recorrer. En 2000, el fraude con tarjetas de crédito en la Unión Europea aumentó un 50%, y el volumen de operaciones ilegales alcanzó los 600 millones de euros. En buena medida a causa de las transacciones online, que si bien suponen apenas un 2% de la utilización que se realiza de las tarjetas de crédito, provocan la mitad de las quejas de los usuarios.

De todas formas, el estudio de la UE tampoco es demasiado significativo, porque muchos fraudes son estafas en las que el cliente da su número de tarjeta. Es decir, nada que no ocurra en el mundo offline. Como se demuestra en el caso de los fraudes denunciados por la Federal Trade Commission (FTC) en Estados Unidos, que no son más que los equivalentes electrónicos de las estafas de toda la vida.

Poco a poco, los gobiernos y las compañías dedicadas a potenciar la seguridad en la Red van adoptando medidas para atajar los fuertes niveles de fraude online. Cada vez hay más leyes que regulan el comercio electrónico, más estándares internacionales de seguridad, nuevos y seguros métodos de pago y crecientes inversiones de empresas y bancos para garantizar la tranquilidad de sus clientes. Por su parte, la UE ha lanzado un ambicioso plan de acción con madurez a tres años para tratar de reducir las estafas y falsificaciones de las tarjetas de crédito. Sin embargo, las empresas de comercio electrónico no pueden (no deben) engañar a sus clientes, pero éstos sí pueden defraudar a las compañías, para desgracia de Visa o American Express.

La invariable condición humana

Tampoco conviene ser excesivamente alarmistas ni dar la razón a los tecnófobos, siempre ávidos de culpar a la Red de todos los males del universo. Muchos siglos de historia demuestran que siempre ha habido estafas y estafados. Lo único que cambia en el siglo XXI es el vehículo utilizado para los fraudes: del tocomocho al engaño vía PC, pero nada ha cambiado en la condición humana. Es incluso lógico que sea así, teniendo en cuenta que Internet ofrece a los defraudadores secretismo, velocidad de actuación y una ingente cantidad de dinero en circulación.

La tipología del fraude en Internet se estructura en torno a los engaños en subastas, los cargos no autorizados practicados por presuntos diseñadores de nodos y los abusos con las tarjetas de crédito que realizan la mayoría de webs pornográficas. Especialmente preocupante es el tema de las subastas: el 87% de los timos online se cometen en estos sitios, según un estudio de eMarketer. Ahora, la FTC ha lanzado la voz de alarma sobre uno de los timos en auge: remitir a los internautas facturas de teléfono falsas por servicios pagados con tarjeta de crédito en la Red, obligando al afectado a telefonear a un número de elevado coste para rechazar la factura.

Algunos nodos de subastas, como eBay, han comenzado a controlar los productos y objetos que venden para evitar fraudes. Se trata de un significativo cambio de estrategia, ya que hasta ahora la compañía había rechazado el control previo de los objetos que salen a puja porque temía que se la pudiera considerar responsable de las potenciales estafas.

Según un reciente informe de la consultora Meridien Research, las tiendas online deberán hacerse con los sistemas de seguridad necesarios para evitar las estafas con tarjetas de crédito y débito si no quieren perder nada menos que 15.500 millones de dólares durante el próximo lustro. No se trata de ninguna previsión apocalíptica: el año pasado los cibercomercios dejaron de ingresar casi 2.000 millones de dólares por este motivo. Y sigue habiendo motivos para la preocupación, dado que sólo treinta de cada cien tiendas virtuales han adoptado tecnologías antifraude. Ante esta situación, compañías como MBNA, American Express o Discover han puesto en el mercado programas en forma de tarjetas de crédito que, o bien únicamente se pueden usar en una ocasión, o bien tienen implantado un chip que recoge todos los datos personales de los usuarios.

Alianzas antifraude

Además, la Worldwide E-Commerce Fraud Prevention Network de Estados Unidos, que agrupa a empresas como Amazon, Buy.com y Expedia, ha lanzado MerchantFraudSquad.com, un nodo destinado a proteger a los internautas de los defraudadores online. Por su parte, Visa y CyberSource ayudarán a los preocupados comerciantes a evitar las compras fraudulentas. Pero en el ambiente flota una pregunta: ¿Se están sacando las cosas de quicio? ActivMedia Research contradice la creencia, ampliamente extendida, de que las empresas online están más expuestas al fraude que las compañías tradicionales. Según sus datos, el 75% de los sitios no pierden dinero por este concepto, mientras que sólo uno de cada veinticinco nodos registran pérdidas superiores al 5%. Es más, los vendedores experimentan mayores pérdidas por fraude en sus canales de ventas offline que a través de la Red.

Llevar a buen puerto las transacciones online requiere adoptar estándares de seguridad. La tecnología SET (Transacciones Electrónicas Seguras), un protocolo creado por MasterCard y Visa, está tomando cada vez más ventaja en el mercado, por delante de otros sistemas, como Secure Socket Layer. Asimismo, los legisladores, como los fiscales de Silicon Valley, se estrujan los sesos para encontrar (o desempolvar) nuevas vías represivas contra los cibertimos.

El tema da incluso para el ocio y la cultura: el consorcio estadounidense Nueva Ad Cops ha abierto un museo para exponer las principales estafas que se realizan en la Red. Pero el Gobierno de Estados Unidos no se toma precisamente a broma el asunto y ha puesto en marcha el Centro para las Denuncias de Fraude en Internet.

Europa y España

En España, las empresas financieras que operan en Internet dedican un 0,1% de sus ingresos a luchar contra el fraude en la Red, una cifra ridícula si se compara con el 5% que invierten los países de la Unión Europea. La explicación que ofrece Carlos Jiménez, director general de Secuware, es que \”en España todavía no se ha extendido la cultura de la prevención\”. Según fuentes de Uno-e, el banco virtual de BBVA, \”el cliente es el eslabón más débil, por lo que hay que darle información, formación y conciencia acerca de los fraudes online y de las medidas que debe tomar para evitarlo\”.


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