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GIC: comercio electrónico con airbag

Parece que hasta ahora a nadie se le había ocurrido la idea de convertirse en un agente de comercio electrónico. ¿Y eso qué es? Pues básicamente un intermediario, pero eso sí, un tanto sui generis. GIC es una figura a medio camino entre una OMC digital y una Cámara de Comercio electrónica, pero con un claro objetivo: vender, vender, vender.

Y así, nace Global Internte Commerce o GIC. Con la naturaleza de un agente de comercio electrónico y con una única misión: desarrollar, mejorar y rentabilizar la actividad de cualquier empresa que quiera vender en la Red. Y abiertamente, para ganar dinero con ello, claro. Tan claro como lo tienen los padres del proyecto, pues su historia, es la de unos emprendedores que intentan reescribir la trayectoria del e-commerce en España. Después, quieren comerse el mundo.

El comercio electrónico en España tiene talla XXL

La verdad es que la idea es original. Es una de esas propuestas que tanto por la sencillez de su planteamiento como por su obviedad, resulta extraño que no se le haya ocurrido a nadie antes. Parece que el comercio electrónico le queda grande a los empresarios españoles que, según los responsables de GIC, no dan la talla en esto del digital. Está claro que montar una tienda online no es tan sencillo. Pero es que además, una cosa es montarla, y otra bien distinta, que cumpla con el fin que se le supone intrínseco: ¡ganar dinero!.

Quizá todo el mundo imagina que ya hay alguien que, tanto de modo oficial como privado, se encarga de dar un fuerte impulso al comercio electrónico. Pues así, en plan organizado y bonito, parece ser que hasta ahora no había. Por ello Global Internet Commerce Networks nace con el objetivo claro y preciso de potenciar el comercio en la Red en España ya que, como explica el CEO de GIC, Julián Alarcón, son conscientes de que faltaban algunas respuestas imprescindibles a las preguntas que plantea el panorama del comercio electrónico español.

\”Nos dimos cuenta de que existía un vacío importante. No había ningún organismo que ayudara a las empresas, sobre todo a las Pymes, a meter la cabeza en Internet\”, comenta Alarcón, que incide en la ausencia de una figura que represente a dichas empresas, que unifique sus intereses, les dé asesoramiento y las acompañe durante todo el proceso de venta online, desde el inicio hasta el final de la cadena. Según el CEO de GIC, \”para vender en Internet hay que generar tráfico; una tienda en el desierto no vende\”.

La parte romántica: las cifras

GIC se constituye en junio de 2000 partiendo de unos 560.000 dólares de capital obtenido de un friends & family con el fin de montar una sociedad limitada. Y ve la luz a mitad de enero de 2001, fecha en la que cuenta ya con 20 empleados, incluidos los socios fundadores; y 22 clientes. Esperan terminar el año con 70 empleados (de los que 60 serán comerciales). Para 2001 tienen prevista una ampliación de capital de unos 17 millones de dólares y unos ingresos de casi 2 millones de dólares, y esperan terminar el año con 400 clientes. Para la mitad de 2002 esperan tener unos ingresos de unos 7 millones de dólares, unos 800 clientes y unos beneficios brutos de casi 3 millones de dólares. Y en el primer tercio de 2002: ¡el break even!.

Hombre, así contado, suena bien. Una de Internet con final feliz, ya iba siendo hora, pero, habrá que esperar a que todo esto llegue, ¿no? La expansión, no se queda atrás. Para empezar, la Costa Este de Estados Unidos, el paraíso de las puntocom: Miami. Y en para seguir, pues UK, Francia, Alemania…, sobre todo Europa, lo que ellos definen como \”el gran pastel del comercio electrónico durante los próximos tres años\”. Pero esto es sólo el principio, de postre, el mercado asiático.

Pisando fuerte: todo por la pasta

¿Y cómo piensan obtener tantos ingresos? Según Carlos Galeote, director general de GIC, el secreto está en saber diversificar u obtener los ingresos de varias fuentes. El modelo de negocio parte de cinco líneas de ingresos, lo cual, tal y como está el mercado Internet, no es mal comienzo. A las compañías que confíen en sus servicios se les cobrará una cuota anual de 3.000 euros y aparte otra mensual.

Si los clientes hacen negocio, que de eso se trata, gracias a las soluciones GIC, se les cobrará un margen comercial aparte, variable en función de los diversos productos. Y tan seguros están que va a funcionar el invento, que se han permitido tomar prestado un eslogan unos grandes almacenes: \”Si con GIC las empresas no venden, les devolvemos su dinero\”. O lo que es lo mismo, no les cobran nada hasta que obtengan resultados económicos. Interesante fórmula.

Para completar el cuadro de ingresos, quedan las partidas más interesantes, y por ende se entiende que las más jugosas, como son las líneas de asesoramiento y servicios a empresas, y los servicios específicos de catalogación. Este último es uno de sus puntos fuertes, ya que según los dirigentes de GIC, una de las claves para vender en Internet, es tener un buen catálogo actualizado de productos. Y además, si cuenta con unos protocolos de homologación, como la normativa UN/SPSC en su caso, y está traducido a varios idiomas, mejor que mejor.

Todo al milímetro o el reino de los acuerdos

¿Necesita traducir su catálogo a otros idiomas? Se lo hacemos. Un acuerdo con Linguaserve permite ofrecer este servicio. ¿No dispone de crédito para realizar sus compras? Un acuerdo con Hispamer le da crédito en tiempo real. ¿Desconfía de la seguridad en la Red? La Estrella Seguros asume los riesgos de todas las operaciones. ¿No se cree que lleguen bien o a tiempo sus pedidos? Empresas como Chronopost harán que todo esté a tiempo, y si no, ya sabe, alguien responderá por ello. Todos menos los clientes, que en el caso de GIC son las empresas.

Insisten. Su filosofía, basada en la idea del antiguo refrán \”zapatero a tus zapatos\”, no es otra cosa que un modo de definir la hiperespecialización que hoy día define el trazado profesional: que cada uno se dedique a hacer lo que mejor sabe hacer. La idea de GIC es ofrecer a sus clientes \”soluciones en bandeja\”. Pues tienen ante sí un difícil reto: ¿quién pondrá el cascabel al gato cuando las cosas no funcionen?

Aquí como en el Far West

El otro día comentaban en una emisora de radio que la crisis de las puntocom se parecía bastante a lo que sucedió el Siglo XIX en Norteamérica con las empresas del ferrocarril. También entonces se produjo una avalancha de nacimientos de empresas de construcción del tendido ferroviario, atraídas por los pingües beneficios que reportaba tal actividad; pero llegó un momento en que empezaron a desaparecer en dominó, y sólo resistieron unas pocas. Pues eso: aquí y ahora, como en el Far West del siglo XIX, triunfará el más rápido, el más certero.

Vivimos en una sociedad en la que lo que no es negocio o no se puede traducir a números, no cuenta. La palabra rentabilidad es algo más que una moda. La ecuación es la siguiente: si estás en el mercado es que eres rentable, o has de serlo, si no, no existes. La Nueva Economía ha aprendido la lección gracias a los recortes y frenazos del Nasdaq y ahora toca una de sensatez extrema. El dios mercado impone sus normas y es implacable. Y el que no lo sepa: ¡al rinchi!

Rápidos y agresivos: más que un lema, un leti motiv

\”Celebramos que las puntocom que no han aportado nada al comercio electrónico cierren\”, es la filosofía de Modest Emperador, el director de marketing de GIC, que tiene las ideas muy claras. Así de duro. Como suena. Mientras unos entierran como pueden los cadáveres de sus maltrechas puntocoms que no han logrado sobrevivir a los avatares de un mercado incipiente, otros sacan el cava y brindan porque la Era del Producto triunfe. Lo más curioso es que el darwinismo digital y económico que formulan no lo han inventado ellos.

GIC conoce los recovecos del mercado y es lo que ofrece. Su experiencia y su saber hacer. Su planteamiento es muy agresivo y no tienen ningún pudor en reconocerlo. Conscientes de que sólo hay una tarta, y de que el que llegue primero cogerá un trozo, su única estrategia de marketing es apostar todo o nada por el comercio electrónico y se basa en un único mensaje: ¡Compre!. \”La única fuente de ingresos en Internet no es la publicidad; nos hemos olvidado de lo más importante, de vender el producto\”, recalca Emperador.

En Internet todos quieren diferenciarse pero no es tarea fácil. Para vender hay que dar unos pasos (descripción del producto, catalogación, internacionalización, conectividad, logística, confirming, etc.). Esta amalgama de servicios es la que propone GIC a sus clientes desde la perspectiva de un análisis de las líneas de negocio, sectores de mercado, etc. Pues tienen ante sí una buena idea, un importante reto, una propuesta interesante, mucho dinero en juego y, sobre todo, el respaldo de una importante empresa que les financia. Según cuentan, tienen preparadas muchas sorpresas y están dispuestos a comerse el mercado. Tan sólo el tiempo podrá decir si el papel de GIC como promotor del e-commerce cobra peso en la historia del comercio en la Red español. Veremos.


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