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Global Crossing encuentra un comprador para sus restos

Tras más de siete meses de conversaciones, la operadora de fibra óptica Global Crossing ha aceptado encasquetarle sus restos a las dos compañías que más dispuestas han estado a ello: las asiáticas Hutchison Whampoa y Singapore Technologies Telemedia. Ambas se harán con una participación del 61% (unos 250 millones de dólares) de la compañía que recientemente se declaró en bancarrota. El acuerdo deberá recibir la aprobación del tribunal que supervisa la quiebra de la firma estadounidense.

La entrada de las dos empresas asiáticas supondrá un balón de oxigeno para Global Crossing, que concederá a Hutchison y a Singapore Technologies un 61,5%. A cambio, las entidades financieras acreedoras, que tienen pagos pendientes por valor de 2.550 millones de dólares, inyectarán 300 millones de dólares en efectivo y 200 millones de dólares en pagarés.

No será los únicos que recibirán algo. Los tenedores de bonos, cuyo valor alcanza alrededor de 10.000 millones de dólares, obtendrán 25 millones de dólares en pagarés, hasta hacerse con el 38,5%.

El acuerdo no sentó demasiado en la Bolsa, donde los títulos de la compañía cayeron un 46%, hasta los dos centavos de dólar. En la sede de la firma aún recuerdan cuando los títulos valían 64,25 dólares.

El acuerdo firmado contradice la noticia aparecida hace tres meses en la que se aseguraba que Hutchison Whampoa y Singapore Technologies Telemedia (STT) habían dado por concluidas las conversaciones para hacerse con los restos de Global Crossing aduciendo que la empresa en bancarrota había puesto el valor de sus bienes a un precio excesivamente elevado. Representantes de Global Crossing señalaron que seguirían negociando con otras empresas la venta de su red de alta velocidad, que conecta a más de 200 ciudades en 27 países.

Global Crossing nació en marzo de 1997 con la intención de unir ambas orillas del Atlántico mediante cables de fibra óptica submarinos. Pronto, su fundador, Gary Winnick, en una apuesta de alto riesgo —hasta entonces las principales compañías de telecomunicaciones formaban alianzas para compartir gastos y Gary optó por tirar por su cuenta— decidió construir una red IP de fibra óptica que diera la vuelta al mundo. Aunque el desarrollo de Internet ha hecho que las necesidades de infraestructura de banda ancha crezcan exponencialmente, el mercado siempre ha dado la espalda a una compañía que necesitaba que le concediesen un futuro a largo plazo.


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