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Google Print y la Europa que no avanza

Pero, ¿qué es Google Print? Para la empresa californiana su misión principal es la de “organizar toda la información del mundo”, pero como mucha de esa información no se encuentra en la Red, la misión de Google Print es volcar el contenido de los libros a la Red, para que así la encontremos en nuestras búsquedas habituales en Google.

Algo ambicioso, ¿verdad? La fórmula no podría ser más brillante: sumar las ventajas de la digitalización de libros con la potencia del, para muchos, mejor motor de búsqueda de Internet. Un sueño hecho realidad, poder bucear en un mar de conocimiento sin salir de la pantalla y, quizás, no volver a escuchar la frase “lo siento señor, este libro está descatalogado”.

¿Y cómo lo hace? Google Print trabaja en dos grandes frentes. El primero, que es el denominado Library Project, se centra en cerrar acuerdos con las mejores bibliotecas de todo el mundo para digitalizar su contenido y volcarlo a la Red. Google trata de cimentar su proyecto sobre una base sólida de conocimiento relevante. El segundo frente es el denominado Publisher Program, donde abre la posibilidad a cualquier editor, ya sea grande o pequeño, de digitalizar sus libros y ponerlos a disposición de cualquier usuario para la consulta de su inventario (incluso el descatalogado), y hasta la opción de obtener una nueva fuente de ingresos, derivados de la publicidad de “enlaces patrocinados” relacionados con sus libros.

Una batalla erróneamente planteada

El proyecto Google Print comenzó a andar en diciembre del año 2004, cuando Google anunció la firma de un acuerdo con cuatro de las universidades más importantes del mundo (Michigan, Stanford, Harvard, Oxford) y la Biblioteca Pública de Nueva York, con la finalidad de digitalizar los contenidos de sus bibliotecas. A principios de abril de este año es cuando su proyecto ha trascendido a la opinión pública europea, y cuando algunos sectores de la Unión Europea, liderados por un sector de la Francia más cerrada, se han dado cuenta de la magnitud del proyecto y se han preguntado qué pasa con nosotros, y con la llamada “cultura europea”.

Pues bien, el 29 de abril de este mismo año, seis líderes de la UE solicitan la creación de una \”biblioteca digital europea\”, al tiempo que afirman: \”el patrimonio de las bibliotecas europeas tiene una riqueza y una diversidad sin par. Expresa el universalismo de un continente que, a lo largo de su historia, ha dialogado con el resto del mundo\”. Ninguno dudamos de nuestro común patrimonio europeo, pero la pregunta es: ¿dónde está el \”Google europeo\” que realice este trabajo? ¿Es realista pensar que esta labor la tiene que realizar el Estado?

El Catedrático de Literatura de la Universidad de Santiago de Compostela, Darío Villanueva, afirma el 28 de julio de 2005 en el suplemento El Cultural del diario El Mundo que la postura de estos seis líderes europeos es acertada, y que iniciativas como la Biblioteca Miguel de Cervantes les dan la razón, puesto que es una realidad de digitalización de contenidos de nuestro patrimonio cultural en Internet. Para Villanueva el proyecto de Google es “un gran banco de textos bibliográficos puesto en red mediante la mera digitalización facsimilar de los libros originales”, mientras que la Biblioteca Miguel de Cervantes es “una auténtica biblioteca virtual, concebida para prestar a sus usuarios deslocalizados los mismos servicios de una biblioteca tradicional”.

Las afirmaciones de Villanueva van mal encaminadas. Como primera premisa es poco realista, además de equivocado, pensar que los Estados tienen que asumir la tarea de digitalizar nuestro patrimonio cultural. Cierto sector de Europa no entiende la iniciativa privada, puesto que el proyecto de Google es el acuerdo entre una empresa e instituciones académicas, no una iniciativa estatal. Tampoco comprende que la actitud por la cual cuando exista una problema \”el Estado debe resolverlo” es lo que provoca que en la actualidad no exista ninguna empresa en Europa del calibre de Google, Yahoo, Amazon o eBay. ¿Nadie entiende que Google es una empresa, y no es el Estado norteamericano? ¿Por qué se busca una confrontación EEUU-Europa cuando no la hay?

Es preocupante no entender el proyecto de Google Print intentando definirlo como una simple digitalización de documentos sin sentido. Google ha ideado un proyecto que tiene como base la tecnología, en concreto su tecnología de búsqueda, y la Biblioteca Miguel de Cervantes está centrada en aunar esfuerzos para difundir la cultura iberoamericana y construir herramientas para al ámbito académico. Se comparan proyectos que no tienen nada que ver.

Críticas también en casa

Mientras cierto sector europeo inicia batallas sin sentido, al otro lado del Atlántico Google Print tiene también sus detractores, no en cuanto a la concepción del proyecto sino más bien en lo referente a los aspectos legales, concretamente en el ámbito de la explotación económica de los derechos de autor.

Como bien apunta Timothy B. Lee del Instituto El Cato en su artículo No detengan a Google, “el mayor obstáculo al cual se enfrenta Google no es tecnológico sino legal. Las casas editoriales están acusando a Google de violar los derechos de propiedad literaria (propiedad intelectual), y están demandando que la compañía obtenga permiso individual de cada casa editorial antes de que pueda escanear sus libros”.

Google ya tenía prevista la reticencia de las editoriales con respecto a los derechos de autor, y sabe que uno de los pilares del éxito de Google Print será el respeto a estos derechos. Por eso, su propio programa ofrece la posibilidad al editor de escoger la modalidad en la que se muestran sus obras (total o parcial). El ejemplo más claro de ello es que cuando anunció el acuerdo en diciembre de 2004 con varias universidades, muchas de estas señalaron que éste se circunscribía a digitalizar parte de sus bibliotecas, sobre todo las exentas de copyright. La Biblioteca Pública de Nueva York señaló que permitiría a Google digitalizar algunos de los volúmenes exentos de copyright y Harvard limitó la labor de digitalización a 40.000 volúmenes.

En conclusión, creemos que en el ámbito europeo tendrá que diferenciarse el análisis de las iniciativas empresariales, que serán eficaces en función de su resultado en el libre mercado, de los proyectos para la protección de la cultura europea, en este caso de la edición impresa de libros. No debe pasar desapercibido que, quizás, en el caso español lo más interesante es la posibilidad de aunar esfuerzos por parte de empresas y universidades españolas con el proyecto Google Print, o similares, dado el potencial de éxito del mismo en el mercado iberoamericano e hispano en Estados Unidos.

Blog: Fernández Tamames.com


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