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Google y Verizon confirman su acuerdo sobre neutralidad

Los consejeros delegados de Google y Verizon, Eric Schmidt e Ivan Seidenberg, firman el martes una columna en el Washington Post en la que aseguran que el acuerdo al que han llegado sobre la gestión del tráfico online pretende servir de modelo para la legislación y responde a su compromiso con la neutralidad de la Red.

Las compañías señalan que las redes móviles plantean \”retos técnicos y operacionales únicos\” desde el punto de vista de la infraestructura, e insisten en que no están dando la espalda al principio de neutralidad. Opinión que no comparten muchos de sus críticos.

La polémica comenzó la semana pasada con un artículo en The New York Times que apuntaba a un acuerdo privado entre Google y la operadora Verizon que reconocería el derecho de la compañía de telecomunicaciones a gestionar el tráfico (lo que implica retrasar o bloquear algunos datos en favor de otros) en las conexiones desde dispositivos portátiles.

Corrieron ríos de tinta, aunque fuera electrónica, y la mayoría de los medios especializados recibieron el acuerdo como el fin de la neutralidad en la Red, ese concepto que prohíbe a empresas y autoridades que discriminen en función de las clases de tráfico. Aparecieron especulaciones para todos los gustos sobre lo que el acuerdo podría significar. También es cierto que no todo son críticas, y había por ejemplo quien comparaba la neutralidad con el comunismo.

En cualquier caso, las dos empresas reaccionaron a las primeras críticas con aparente indignación, y por ejemplo Google aseguró que no iban a pagar a Verizon para que el tráfico de, por ejemplo YouTube, fuera más rápido que el de otras páginas. Esa era una de las especulaciones, pero ni la más popular ni el problema real.

El problema real es que darles a las compañías el derecho a intervenir sobre qué pasa antes y qué pasa después crea un tráfico de primera y de segunda, más aún si tenemos en cuenta que el acceso a Internet desde dispositivos portátiles como el móvil es especialmente importante entre personas desfavorecidas de los países ricos, y la población general de los países pobres. Las conexiones móviles en África, según un estudio reciente de Opera, están creciendo a ritmos de tres cifras porcentuales cada año.

Por otro lado, es cierto que las redes móviles de banda ancha de varias compañías estadounidenses están saturadas hasta la saciedad, las empresas no dan abasto para cumplir con la velocidad contratada y alguna solución hay que adoptar para garantizar que todo el mundo puede conectarse. En resumen, una situación cuanto menos compleja.


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