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Googlers fisgones, el último escándalo de privacidad

Llevábamos demasiado tiempo (como una semana) sin saber de otra pifia de privacidad, así que no sorprenderá a nadie que ya tengamos la siguiente. En este caso vuelve a tocarle a Google, aunque no por política de empresa ni por deslices involuntarios, sino por la deliberada violación de privacidad de dos de sus empleados.

Es conocida la estricta política de selección de personal que tiene Google, con largos procesos de entrevistas y pruebas para escoger sólo a los mejores, los más listos y los más preparados. Tan bien escogen, que las empresas rivales intentan robarles hasta al cocinero.

Pero parece que algo se les pasó por alto en tan detallado proceso de selección, porque han tenido que despedir a dos empleados que aprovecharon su puesto de trabajo para acceder a información privada de terceras personas.

El último ha sido David Barksdale, que se dedicó a cotillear conversaciones de Google Voice, mensajería instantánea y acceder a las cuentas en otros servicios de varios menores. Al parecer, no había intenciones de abuso de por medio, sino sólo una especie de obsesión por tener sus vidas controladas.

Del otro no se sabe mucho, salvo que no había menores implicados en la brecha de seguridad y que el empleado díscolo fue despedido, al igual que Barksdale.

El influyente periodista de tecnología Michael Arrington afirma que la empresa no debería conformarse con el despido, sino presentar cargos contra ellos. Google ha emitido un comunicado asegurando que supervisan, y ahora más que antes, el uso que hacen sus empleados de toda la información a la que tienen acceso. Y si alguien piensa que no es tanta, que eche un vistazo a sus cuentas de Gmail y YouTube, su historial de búsquedas o registros en Android Market.


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