BAQUIA

¿Ha sido buen negocio la fiebre bursátil de las puntocoms?

Diríase que hace siglos que unos pocos veníamos diciendo aquello que ahora hasta el amigo-del-hijo-del-portero-de-la-casa-de-al-lado-de-mi-primo repite en la sobremesa de la comida familiar de los domingos: que estábamos en medio de una burbuja especulativa, que las acciones de Internet estaban sobrevaloradas, que se trataba en muchas ocasiones de verdaderos montajes de unos pocos para forrarse con las salidas a bolsa con la connivencia, legal pero casi siempre carente de ética, de quienes participan en ella… que si patatín, que si patatán.

Respondían los sacerdotes de la Santa Madre OPV y sus fieles seguidores (bapor entonces la mayoría) que de lo anterior, nada de nada: Internet era un medio tan, tan revolucionario y con un futuro tan, tan prometedor, que se justificaba cualquier valoración de las empresas de Internet, por alta que fuera.

Fuera burbuja entonces o sea un realismo exagerado ahora, no puede negarse el hecho puramente objetivo de que las cosas han cambiado -y mucho-, y prácticamente todas las empresas relacionadas con Internet han visto cómo su cotización experimentaba un buen tropezón, cuando no se pegaba un batacazo de los de aúpa. No creo que nadie se atreva a predecir si la fase bajista ha terminado pero, sea como sea, ya ha pasado el suficiente tiempo desde esos frenéticos días del ‘todo vale’ como para analizar con cierta distancia los efectos de la fiebre: a quién le ha servido para pegar un estirón y crecer un palmo un par de días como nos ha pasado a todos en la adolescencia, o a quién la calentura le ha acabado llevando al hospital… o a la tumba.

Ese análisis es el que ha llevado a cabo recientemente la MSNBC.com y fue excelentemente comentado por Christopher Byron, uno de mis tótems periodísticos actuales, aparte por supuesto de José Cervera 😉

Es un análisis que, más que arrojar luz sobre el asunto, pone los pelos de punta.

Un gigantesco juego de “tonto el último”

El factor determinante de la greenspaniana ‘exuberancia irracional’ fue esa percepción a la que aludía antes sobre la justificación del valor bursátil de las empresas de Internet: por mucho que subiera su cotización, ésta siempre estaba justificada por sus fantásticas (¿fantasiosas?) expectativas. Se fue creando algo así como una bola de nieve pero en subida, porque al ver lo que se disparaban las cotizaciones en las OPV, otras empresas decidieron aprovechar la coyuntura y -muchas veces presionados a hacerlo por quienes (bancos de inversión, consultores, abogados) se ganan la vida con la retahíla de comisiones y contratos que genera una salida a bolsa aunque ésta sea un fracaso- decidieron lanzarse de cabeza al parqué con proyectos que cada vez más eran la versión tecno de descubrir la sopa de ajo.

Es decir, quasi-adolescentes cuya única experiencia en la gestión de empresas se basaba en haber visto unos cuantos episodios de Dallas, que desconocían la cruda realidad de encontrarse con el día a día de una empresa, y que creían haber descubierto lo más novedoso del mundo cuando simplemente no sabían que esa innovación, a lo sumo, era un concepto de negocio trasladado al ciberespacio, pero que por sí solo no podía sostener la viabilidad de toda una empresa. No pocas veces desdeñaron las variables que acabaron dando al traste con su ‘innovación’, variables que cualquier gestor mínimamente experimentado hubiera advertido. Lo peor de todo es que no todos eran jovencitos imberbes, sino que alguno tiene incluso ciertos problemas de alopecia…

En cualquier caso, ya tenemos la suficiente perspectiva, tras el aterrizaje de las bolsas de todo el mundo, como para estudiar si realmente estábamos ante una inmensa burbuja especulativa o si, por el contrario, el precio que los inversores estaban pagando por las acciones de las puntocom estaba justificado entonces, y es ahora cuando están infravaloradas.

La respuesta a este enigma se responde en la canción de Jarabe de Palo Depende, todo depende: según quién hiciera la compra y cuándo la llevara a cabo, así le ha ido la copla. De este modo, MSNBC.com ha estudiado más de 170 OPVs llevadas a cabo desde el año 1996 por las ocho de las mayores instituciones que suelen coordinar las salidas en la bolsa norteamericana. Claro, pensarán algunos de ustedes, se trata de la bolsa de EEUU y no la de España o Latinoamérica; pero no olviden que si las condiciones de éstas fueran tan favorables a las OPV como aquélla, no hubieran sido menos agresivas. Además, ha sido lo ocurrido en Wall Street lo que ha dado alas a una conducta bastante mimética por parte de las empresas del resto del mundo respecto a sus colegas estadounidenses.

La principal conclusión del estudio es que la fiebre de las salidas a bolsa ha sido un verdadero maná del cielo para los grandes inversores institucionales, al tiempo que ha constituido un verdadero juego de “tonto el último” para los pequeños inversores de a pie que han comprado siempre más tarde que los primeros. Así, mientras que los inversores institucionales en su conjunto han obtenido unas ganancias medias del 68% sobre los precios de la colocación (al que sólo ellos han podido comprar), los inversores minoristas han visto mermada su rentabilidad un 23% como promedio respecto a los precios a los que pudieron acceder al iniciarse la cotización en el mercado abierto. Y eso después de la reciente caída de las bolsas.

Es decir, los inversores institucionales -que a la vez suelen ser grandes clientes de los propios bancos de inversión que coordinan las OPVs y a quienes conviene tener contentos poniéndoles en bandeja oportunidades jugosas – se han podido aprovechar de la demanda enormemente inflada de acciones en el mercado abierto por parte de pequeños inversores, dispuestos a comprar al precio que fuera porque ya se habían encargado previamente de hacerles ver que se trataba de “una ocasión única en la vida”. Viendo como las acciones se multiplicaban varias veces su valor en los muy primeros días de cotización, como era habitual entonces, los listos se liberaban del alto riesgo de la operación simplemente vendiendo las acciones enseguida, yendo a parar éstas a manos de los tontos que seguían, más que nunca, lanzándose como pardillos sobre cualquier valor que alguien estuviera dispuesto a venderles.

Un repaso a datos concretos de los diferentes bancos de inversión les dará una idea más precisa de lo anterior:

– Goldman Sachs: de lejos el más activo, con 51 salidas a bolsa. Los inversores institucionales que hubieran comprado una acción de cada una de las ofertas coordinadas por esta firma -a precio pre-mercado- tendrían hoy por hoy un beneficio de casi el 90%, mientras que los minoristas que hubieran hecho algo similar, pero al precio de la cotización del primer día -lo máximo a lo que podían aspirar- verían como su cartera habría disminuido más de un 15%. En el haber de Goldman Sachs se encuentra la más exitosa de las OPVs, la de Yahoo!, cuyos inversores institucionales pudieron comprar en abril del 96 a $1,08 por acción (valor ajustado a los diferentes splits que se han producido desde entonces), y cuya cotización, en el momento de realizarse el estudio, era de algo más de $119/acción (actualmente es de 138,75). Pero ocurre que los inversores particulares sólo pudieron comprar como mínimo a $2,04 por acción (ajustando los splits posteriores), lo que significa, simple y llanamente, que incluso en este caso tan especial han tenido la mitad de plusvalías que los grandes. Además, en el debe de la misma firma está el fiasco de iVillage, en que los inversores institucionales y los particulares han perdido un 65 y un 92 por ciento, respectivamente.

– Morgan Stanley Dean Witter: también bastante activo, con 24 salidas que en su conjunto han supuesto un beneficio del 134% para inversores institucionales, pero una pérdida de casi un 17% para los pequeños. Y es que entre las OPVs significativas llevadas a cabo por esta firma está la de Priceline.com, que, aunque muy lejos de su máximo histórico de $81 por acción, sigue siendo un buen negocio para los institucionales que pudieron comprar a $16/acción, mientras que los particulares han sido seriamente tocados.

– Merrill Lynch: aquí ya empiezan los problemas; las 11 salidas a bolsa que ha coordinado (destacando negativamente la de Pets.com) han supuesto una pérdida de valor de algo más del 21% para los grandes y de un 51% para los particulares.

– Donaldson, Lufkin & Jenrette: tampoco se han lucido, francamente. Con las 15 OPVs que ha coordinado, los inversores institucionales han perdido un 20%, mientras que los de a pie lo han hecho en nada menos que un 60%. Especialmente poco afortunados estuvieron en una empresa, que, francamente, no sé aún por qué se liaron con ella: E-Stamp Corp., que permite franquear cartas imprimiendo el sello en el propio ordenador del usuario. Es decir, una empresa de comercio electrónico cuyo mayor éxito sería vender las mayores cifras posibles de algo (el correo postal) que queda más obsoleto a medida que el propio comercio electrónico se vaya desarrollando. Verdaderamente curioso. El caso es que la OPV de esta empresa se hizo a $17 por acción, la cotización empezó el primer día a $31, pero hoy se ha de buscar con lupa por el suelo, pues está a $1.75.

– Robertson Stephens: no me resisto a citarles antes de terminar el récord -negativo- de todas las OPVs estudiadas, la de ValueAmerica, coordinada por esta firma. A $1,06 al realizarse el estudio, el valor de salida fijado fue de $23 (al que pudieron comprar sólo los grandes), y la primera cotización del día alcanzó los $69,06 (a la que pudieron comprar los inversores de a pie).

Y podría seguir citándoles cifras y ejemplos, pero iré directamente a las dos conclusiones de todo esto.

Primera, que con la fiebre bursátil han ganado principalmente los inversores institucionales (salvo excepciones) y los bancos de inversión y las demás entidades que intervienen en el proceso de salida a bolsa (y en este caso sin ninguna excepción: recuerden que ellos obtienen jugosísimas minutas y comisiones vaya como vaya la operación o, como diría Helenio Herrera, “ganan sin bajar del autobús”). No en vano están obteniendo los mejores resultados económicos de la historia.

Segunda: que los inversores particulares, mirado agregadamente, han perdido hasta la camiseta. Desde luego, algún afortunado ha conseguido acumular pingües beneficios y por este motivo suele ser puesto como ejemplo en los medios de comunicación; pero al igual que en los casinos, el sistema está montado para que la gran mayoría pierda.

Bien, las cifras son claras y definitivas al demostrar el proceso por el que han pasado los mercados de valores en los últimos meses. Y pensar que quienes el año pasado ya avisábamos que esto iba a ocurrir fuimos a veces tachados de apocalípticos y cortos de miras…


Compartir en :


Noticias relacionadas

Recomendamos




Comentarios