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¿Habrá agua para todos?

Si en la primera parte del informe sobre la Sociedad de la Información en España patrocinado por Telefónica se ofrecía una descripción del estado de los principales elementos que conforman ese nuevo modelo social, la segunda recoge las opiniones de algunos de los principales expertos (agrupados en cuatro grupos: proveedores de infraestructuras, usuarios, expertos en conocimiento y políticos) que trabajan en el sector de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC).

Para ellos, la Sociedad de la Información será beneficiosa en su conjunto –los ciudadanos estarán mejor educados y las diferencias económicas entre zonas geográficas tenderán a reducirse– y será impulsada desde el sector privado, pese a los esfuerzos gubernamentales. Sin embargo, los empleados y ciudadanos también estarán sujetos a mayores tensiones: necesidad constante de autoformacion, trabajos más intensos e inestables y despersonalización de las relaciones sociales.

¿Qué tipo de Sociedad?

La primera discrepancia de los expertos se centra en la terminología. ¿Define mejor a esta Nueva Sociedad el acceso indiscriminado a la información –característica recogida en la definición tomada de Sociedad de la Información– o es sin embargo el buen uso que hacemos de esa información –característica implícita en el término Sociedad del Conocimiento– lo que más acertadamente describe el nuevo paradigma en el que nos adentramos?

El estudio describe a los defensores de la Sociedad del Conocimiento como optimistas incurables, convencidos de la infinita capacidad del ser humano para extraer leyes de donde sólo hay información desordenada. En cualquier caso, la confusión terminológica es notable, y son los políticos –más de un 80% de los cuales asegura tener las ideas muy claras– y la prensa –en la percepción del usuario, pues sólo el 55% de los profesionales de los medios aseguran conocer sus límites con exactitud– quienes parecen caminar con paso firme por estas sendas apenas exploradas. Sin embargo, esta aparente seguridad de los políticos no está totalmente garantizada, menos aún si escuchamos al colectivo de expertos al que presumiblemente representan, quien tan sólo en un 66% confía en la claridad de ideas de quienes manejan las riendas del país. La clase política es especialmente criticada por los expertos en Conocimiento, para quienes los planes gubernamentales — a corto plazo y excesivamente centrados en el desarrollo de las infraestructuras– responden más a motivos electorales que a una idea precisa de hacia dónde se quiere arribar en materia de Sociedad de la Información.

Todos coinciden sin embargo en algo: el cambio, cuyo exponente más inmediato será el aumento significativo del porcentaje de población conectada, será gradual, y sus efectos sobre el tejido social serán aún menos evidentes. Aun así, dos elementos se verán inmediatamente afectados: la educación y la mejora de la calidad de vida de los habitantes de áreas geográficas aisladas, a medida que el desarrollo de las telecomunicaciones les haga parte integrante de las nuevas redes.

Los efectos del desarrollo de la Sociedad de la Información serán positivos, en mayor o menor medida, y sólo dos aspectos, para nada despreciables, despiertan cierto temor entre los encuestados: los cambios en las señas culturales diferenciadas (¿McDonalización de la economía y la sociedad?) y el impacto en las relaciones personales. Sin embargo, el mayor peligro en opinión de los expertos es la pérdida de intimidad. La tecnología, como bien señala el informe, podrá ser usada para controlar de una forma más estrecha a los ciudadanos (¿se cumplirán así las predicciones de Orwell y Huxley?), o bien para hacerlos todavía más invisibles. La responsabilidad de los que desbrozan el camino hacia esta Nueva Sociedad es por tanto muy significativa.

En el furgón de cola

Los encuestados reconocen sin rubor el retraso de España con relación a los países de su entorno, aunque se muestran convencidos de que esta distancia podrá cerrarse durante los próximos cuatro años, por lo menos con relación a la media de la Unión Europea. Estados Unidos, por el contrario, queda demasiado lejos, y los españoles deberán contentarse con seguir sin desánimo su estela. Algunos de los principales factores que ayudarían a una reducción del retraso serían el despliegue de redes de banda ancha, la bajada del coste de los terminales y de la conexión y los planes públicos de desarrollo de la Sociedad de la Información. La llamada a lo público es tan sólo una llamada al dinero: factores como la existencia de un marco regulatorio o la involucración del gobierno en la formación pública de los trabajadores se sitúan en la parte baja de las preferencias de los expertos. El sueño primigenio de la Red autogestionada sigue vigente.

Sin embargo, esta vez no será movida por un grupo de utópicos de largos cabellos, sino por las grandes corporaciones que, al decir del estudio –y pese a la tantas veces manida y aparentemente resuelta paradoja de la productividad–, son conscientes de las ventajas de la Red y las nuevas tecnologías en la optimización de los procesos. Los dos siguientes agentes del cambio serán los ciudadanos y la Administración Pública.

Curiosamente, y pese a la confianza en la respuesta de los particulares, los encuestados desconfían de la voluntad de la población adulta por abrazar las nuevas tecnologías. Tan sólo cuando la generación del teléfono móvil desplace a sus mayores se conseguirá alcanzar un uso eficiente de las nuevas tecnologías –o conseguirán maximizar las telefónicas sus ya muy abultados ingresos. Aun así, se estima que en 2005 el 39% de la población española estará ya conectada (un 17% en el caso de la población rural). En esa fecha seguirá mandando el PC como terminal (50%), a mucha distancia de los teléfonos WAP (16,5%), a pesar de que a partir del año que viene todos los nuevos teléfonos móviles llevarán instalado este protocolo de emisión.

Para que el usuario pague por los contenidos y los servicios, serán necesarias tres cosas: acceso de banda ancha, contenidos irresistibles y seguridad. Pero aún así no termina de darse con la fórmula mágica que permita vaciar –con su permiso– el bolsillo del usuario, muy interesado por todos los servicios, pero enemigo del verbo \”pagar\”. El uso que se hará de Internet será intensivo, y recortará el tiempo dedicado a otras actividades, con excepción del ocio (también los viajes; ¿pero Internet no es ocio?) y el trabajo. El estudio proporciona un dato ciertamente aterrador: los ciudadanos dormirán menos.

Por su parte, los móviles se utilizarán para hablar y trasmitir datos, como vehículo de pago, de acceso a servicios financieros y como plataforma de juego (limitada siempre, eso sí, por el tamaño de la pantalla).

Conectados, sí, pero todo el día

El estudio, como todo aquel que pretende predecir el futuro, tiene alguna conclusión ciertamente cuestionable. Una de ellas hace referencia al mayor entusiasmo de los directivos de las empresas por las nuevas tecnologías (especialmente de las de telecomunicaciones), en perjuicio de sus empleados, que presumiblemente adoptarán una postura más escéptica –¿algún directivo se ha asomado recientemente por encima del hombro de sus empleados?. Por si acaso, el estudio llama a la implicación de los sindicatos en la concienciación de los empleados sobre los beneficios de la Sociedad de la Información.

De lo que no se duda es de la participación activa del sector empresarial, incluidas PYMES. En 2005 un 90% de las empresas tendrán acceso a Internet, un 56% habrá creado una website propio, un 31% (este dato algo más sorprendente) dispondrá de Intranet y un 23% se aprovechará de las ventajas del comercio electrónico. Las actividades más afectadas por los cambios en el corto plazo serán las del ventas y aprovisionamiento. La mayor preocupación de los pequeños y medianos empresarios será la ausencia de personal cualificado.

Más interesantes serán los efectos de Internet en los modelos de gestión de empresas. Las rígidas estructuras actuales deberán dar paso a una mayor flexibilidad y aprovechamiento de las capacidades de la fuerza de trabajo. Este cambio se percibe con tanta claridad que genera rechazo en los dirigentes de las PYMES, asustados ante el trasvase de poder de empleador a empleado.

Los expertos parecen coincidir en la influencia favorable de las nuevas tecnologías en la creación de empleo. No todo será sin embargo positivo. Además de dormir menos (¿menos aún?), se trabajará más y en condiciones más inestables. Ah, pero no hay que preocuparse, los salarios crecerán proporcionalmente –claro que, ¿para qué quiere uno ganar más si luego no tiene tiempo de gastar lo que gana? Aquí, como era de esperar, no se solicita la ayuda de los sindicatos, no vayan a enturbiar el ambiente con sus propuestas sobre la jornada de 35 horas.

El efecto de la aplicación de las nuevas tecnologías en la Administración Pública también será notable. El mayor impacto se producirá en la atención a los ciudadanos, especialmente en lo relativo a acceso a la información, eficacia de los procedimientos administrativos y consulta de gestiones en curso. Por el contrario, aspectos como la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones o el contacto directo con sus representantes políticos deberán esperar a mejores tiempos. Curiosamente, y aunque los encuestados confían plenamente en la capacidad de los ciudadanos para formular quejas, son sin embargo más escépticos en cuanto a la habilidad de la Administración para contestarlas –los políticos son, en su alejamiento habitual de la experiencia del ciudadano, los más optimistas a este respecto.

No una, sino muchas bandas anchas

Para alegría de los usuarios, en 2005 todos los terminales tendrán precios más baratos a los actuales, especialmente los móviles WAP, seguidos de los portátiles, PCs y en último término de las televisiones digitales.

Las dos principales fuentes de interactividad serán el PC y el televisor, seguidos a corta distancia por el teléfono móvil, que todavía tardará en cumplir las expectativas que en el se han puesto. El PC y la televisión, en opinión de la mayoría, se verán abocados a converger tecnológicamente.

Los navegantes podrán disponer de diversas tecnologías de banda ancha, entre ellas acceso por satélite, ADSL, cable, UMTS, LMDS e incluso VDSL o red eléctrica. A medida que se vayan desarrollando todas ellas abandonarán los modelos de pago por tiempo, se extenderá la utilización de la tarifa plana y se adoptarán otros sistemas de pago \”por uso\”, en función de tres criterios basicos: velocidad de transmisión, volumen y tipo de información.

Por esas nuevas redes circularán contenidos más elaborados que los actuales, con mayor calidad y posibilidades de personalización, en los que la atención al cliente ocupará una posición singular. El contenido deberá adaptarse a su canal de difusión, ya que cada uno de ellos dispondrá de ingresos diferentes. Internet seguirá apoyándose mayoritariamente en la publicidad, las comisiones por ventas (comercio electrónico), la comisión por tráfico (que en la actualidad va para el ISP y no el creador de contenido) y, en menor medida y siempre según los expertos, por las cuotas de abono. En el caso de WAP y la televisión digital, la importancia de la publicidad será menor, no así las cuotas de abono y comisión por tráfico –esto último para las plataformas WAP.

España va bien…

Los profesionales del ramo creen que el crecimiento económico de España será ligeramente superior al de los países de su entorno durante los próximos años, por lo que dispondrá de recursos para invertir en el desarrollo de la Sociedad de la Información. Los principales focos de inversión serán la formación en tecnologías de la información y comunicación y la financiación de iniciativas empresariales. Sin embargo, no habrá ayuda oficial para la compra de terminales, ya sean PCs o televisiones digitales.

Aun así, el esfuerzo público no será suficiente para proveer de formación a tantos empleados como serán demandados, por lo que será el sector privado el encargado de formar a sus trabajadores.

Aunque el papel de legislador se mira con recelo, también se demandan iniciativas legislativas, especialmente en materia de protección de datos personales, valor jurídico de los documentos electrónicos –firma electrónica– y propiedad intelectual. El espíritu libertario, como se afirmaba más arriba, se suavizará sin riesgo de un excesivo intervencionismo público, avanzándose en el camino de la autorregulación.

Los expertos mantienen que la Sociedad de la Información tendrá efectos beneficiosos sobre la calidad de vida de los discapacitados y contribuirá a reducir diferencias como las existentes entre los núcleos rurales y los urbanos. Sin embargo, chocará con un obstáculo muy fuerte: las diferencias de clase social, que podrán aumentar y no reducirse, como consecuencia de las necesidades de formación intensiva que exigen las nuevas tecnologías.

Por último, aventurando hipótesis sobre los efectos de la Sociedad de la Información en la sociedad española, se adivina una tendencia del ciudadano español a incrementar su dedicación al ocio y el turismo –¿pero no íbamos a trabajar más?–, así como un acercamiento de la sociedad española al cosmopolitismo de otras sociedades occidentales. Internet, parecen decir, nos permitirá indagar sin rubor en las barbas del vecino, a menudo más pobladas y mejor peinadas.

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