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Hacer fácil lo complicado

Todos hemos adquirido costumbres inimaginables antes de familiarizarnos con algunas aplicaciones de la tecnología. A nadie le parece extraño reiniciar el ordenador un par de veces cada mañana porque, por alguna oscura razón, el sistema operativo ha decidido “colgarse”, o caminar metros y metros con el móvil pegado a la oreja buscando mejor cobertura. ¿Pero quién aceptaría comprar un coche que tuviéramos que detener en la cuneta un par de veces por trayecto para continuar nuestro camino unos minutos después, o una nevera que sólo enfriara los días impares?

Ahora The Economist cita datos concretos que reflejan el coste de estas molestias, y afirma que las Tecnologías de la Información se encuentran en estos momentos detenidas en su expansión por el efecto de la complejidad de sus sistemas. Muchas aplicaciones se compran por las empresas pero no se utilizan debido a su complejidad; se trata de uno de los mayores retos actuales de la industria tecnológica: simplificar.

Las cifras son espeluznantes. Según un estudio de IDC que cita la revista, hace 15 años las empresas dedicaban el 75% de su presupuesto tecnológico a la compra de equipos nuevos, y tan solo un 25% al mantenimiento. La situación hoy día es justo a la inversa. Debido a la actual complejidad de los sistemas informáticos, el 75% de la inversión de una empresa se dedica al mantenimiento y reparación, y tan solo un 25% se puede emplear en la compra de nuevos sistemas.

Según Standish Group, el 66% de los pryectos de tecnología se retrasa o fracasa debido a las dificultades de implantación. Mientras, Gartner, otro especialista en los análisis, ha calculado que el coste anual del soporte informático de un vendedor equipado con un portátil alcanza la cifra de 4.400 dólares.

El profesor John Maeda, del MIT de Massachusetts, ha decidido plantar batalla a la complejidad y se dispone a luchar por convertir la tecnología en algo que nos ayude en nuestra vida diaria. John no está solo en esta cruzada: Michael Dertouzos aboga en su libro The Unfinished Revolution por una tecnología accesible, centrada en el usuario y no intrusiva ni agresiva.

Hoy día, parece que cualquier aparato tecnológico está diseñado para sacar los colores del usuario medio. ¿No podrían los informáticos tomar lecciones de los ingenieros aeronáuticos y de los fabricantes de coches? Todos viviríamos mejor.


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